CARTA PASTORAL de Mons. JULIÁN BARRIO en el AÑO SANTO 2010

Publicado por Silvia RB El 25 mayo 2009 0 comentarios
“Cada año es mayor el número de peregrinos que se ponen en camino a la Tumba del Apóstol Santiago el Mayor, siendo la peregrinación, entre otras realidades, alegoría de la Iglesia, pueblo de Dios, que camina hacia la “ciudadanía de los santos”. En el Año Santo de 1999 me propuse acompañar al peregrino jacobeo en su reflexión espiritual con la pastoral Peregrinar en espíritu y en verdad y en el de 2004 con la pastoral Peregrinos por gracia. En este segundo Año Santo Compostelano del Tercer Milenio del Cristianismo que celebraremos el 2010, traigo a la memoria el relato de los discípulos de Emaús que nos refieren su encuentro con Cristo resucitado. También, desde su Tumba, el Apóstol Santiago, el “amigo del Señor”, nos transmite el mensaje de que Cristo vive y, por tanto, el peregrino ha de dar este testimonio, sabiendo que la amistad con el Señor garantiza la fecundidad de la misión de la vida cristiana: “Os he llamado amigos, porque todo lo que oí de mi Padre os lo he dado a conocer… Y os he puesto para vayáis y deis fruto y que vuestro fruto sea permanente” (Jn 15,15-16), les dijo Jesús a sus apóstoles. Peregrino con vosotros, ofrezco esta reflexión desde la fe con la conciencia de saber que el Señor sale también a nuestro encuentro, nos ilumina con su presencia y su palabra, y nos libera de todo miedo.
Con esta esperanza, agradeciendo este privilegio concedido a la Iglesia particular de Santiago de Compostela por la Iglesia “más grande y más antigua conocida por todos; fundada y constituida en Roma por los dos gloriosos apóstoles Pedro y Pablo”, comunico la celebración del segundo Año Santo Jacobeo del tercer milenio a mis diocesanos y a los de las diócesis hermanas de España, de Europa y de otros continentes, invitándoles a peregrinar a la Tumba del Apóstol para confesar la fe en Cristo Resucitado y recibir la abundancia de la misericordia divina como manifestación del amor de Dios por el hombre concreto. Es un acontecimiento de gracia que queremos celebrar y compartir con todas las Iglesias particulares, cuidando que no se desvirtúe el sentido del Camino de Santiago, como camino de perdón, por otras motivaciones ajenas a su dinamismo espiritual, que la Peregrinación Jacobea que se hace “por penitencia” recorriendo los caminos de la acusación de los pecados, del perdón de las ofensas de nuestro prójimo, de la oración, de la limosna y de la humildad, se viva con espíritu de conversión, y que el Año Santo nos sirva para revitalizar nuestra vida cristiana como vocación a la eternidad y a la santidad, pidiendo al Señor con la intercesión del Apóstol Santiago, “varón por quien se visita Galicia” , que en el encuentro de los peregrinos con la tradición apostólica, meta de alegría, resuene la esperanza”.
Así comienza la Carta Pastoral del Arzobispo de Santiago, Julián Barrio, una carta que se convierte en su “programa” pastoral para preparar y vivir el Año Santo 2010. La carta se divide en siete capítulos y una introducción: Introducción: En ella comunica la celebración del segundo Año Santo Jacobeo del Tercer Milenio e invita directamente a peregrinar a la Tumba del Apóstol Santiago. Asimismo, indica el hilo conductor de su carta, el relato evangélico del Camino de Emaús, y lo relaciona ya con el Camino de Santiago.
I. La Resurrección, fundamento y meta en la peregrinación cristiana: En este capítulo, Mons. Julián Barrio hace un paralelismo entre el peregrino cristiano y los peregrinos de Emaús invitando al compromiso del peregrino jacobeo.
II. Alimento espiritual del peregrino: tras esta relación anterior del cristiano con los de Emaús, el Sr. Arzobispo recorre las bases espirituales de todo cristiano, que se acentúan con el peregrino del Camino de Santiago. La fe, la oración, la Eucaristía, la comunidad y la realidad del pecado y del perdón son aspectos que se desarrollan con claridad.
III. La peregrinación, acontecimiento evangelizador y respuesta a la llamada en el Camino: en este aspecto, Mons. Barrio asegura que “necesitamos no sólo maestros sino sobre todo testigos de la fe”. Este es el capítulo en el que se invita al testimonio y a confesar la fe.
IV. El peregrino y su participación en la vida del Resucitado: siguiendo a los peregrinos de Emaús, la meta de la peregrinación se convierte en una experiencia de encuentro con Cristo Resucitado.
V. El testimonio y la experiencia comunitaria de la fe: “Alcanzada la meta de su peregrinación a la Tumba del Apóstol Santiago como encuentro con la Tradición Apostólica y como renovación de vida, los peregrinos jacobeos, como los peregrinos de Emaús, han de volver a la comunidad familiar, al lugar de trabajo y a la parroquia, siendo testigos de lo que han visto, oído y vivido con el convencimiento de que la historia definitiva de la persona humana no se agota en la finitud”.
VI. Peregrinación y misión del cristiano: En este capítulo, se indica que el peregrino, transformado en hombre nuevo por esta experiencia interior del Camino de Santiago, ha de sentir la urgencia a transformar la sociedad con sus actitudes cristianas y su visión católica.
VII. La peregrinación jacobea hoy: “Celebramos el Año Santo Jacobeo 2010, el segundo del tercer milenio y en los tiempos de la llamada transmodernidad. Es el Año Santo 119 en la historia de los Años Santos Compostelanos. En una época como la actual marcada por el desasosiego humano y la incertidumbre dramática que generan la insolidaridad, la violencia y el terrorismo, y también por el malestar de una cultura que trata de diluir la dimensión religiosa del hombre, proceso este que va acompañado por la realidad de la despersonalización que estamos padeciendo, cabe preguntarse si todavía puede haber lugar para el contenido doctrinal y espiritual, permanente y genuino, de esta celebración, una de cuyas manifestaciones más cabales es la peregrinación. Si analizamos los datos estadísticos disponibles de la peregrinación jacobea, podemos constatar que en los últimos veinticinco años la evolución del número peregrinos ha ido siempre en aumento. Anticipándose proféticamente a lo que sucedería en la última década del siglo pasado, los Obispos del Camino de Santiago en su Carta Pastoral en 1988 se hacían eco de este florecimiento cuando escribían: “El Camino de Santiago que conduce a la Tumba del apóstol Santiago, en la ciudad que lleva su nombre, Santiago de Compostela, en el Finisterre galaico, desde los puntos más diversos de España y de Europa ha vuelto a cobrar inusitada actualidad en los últimos años. El número de peregrinos que lo recorren al tradicional estilo de la venerable peregrinación medieval, junto a aquellos que lo hacen valiéndose de los medios modernos de locomoción, crece constantemente”.

El diseño de esta publicación, con portada e ilustraciones
hermosas en su interior, corresponde a Yesurún.

0 comentarios por CARTA PASTORAL de Mons. JULIÁN BARRIO en el AÑO SANTO 2010