“A la gente le pedimos que no entregue la ropa o el calzado que no usarían ellos”

La empresa Arroupa, promovida por Cáritas Diocesana, comenzó su andadura el pasado mes de noviembre, y al frente está la gerente Isabel Fraga Castro, que cuenta con una plantilla de ocho personas, entre ellas el educador social Marco Martí Romero. La empresa, que tiene su sede en la vía Isaac Peral (polígono do Tambre), tiene un fin social «de doble partida», comenta Anuncio Mouriño, presidente de Cáritas Diocesana. Por un lado, las siete personas que trabajan en la recogida y clasificación de las donaciones «están en situación de exclusión social y laboral», por lo que Arroupa es «una oportunidad» para «formarse y para adquirir hábitos que les permitirán en dos años estar en condiciones de acceder al mercado laboral», explica Isabel Fraga. Y, por otro lado, la ropa y el calzado «que se recoge, se clasifica, se repara y se vende en comercios de segunda mano» para mantener a la propia empresa, así como «para facilita la posibilidad de poner en marcha nuevos proyectos de cara al futuro, porque todos los beneficios revierte nuevamente en el sistema», explica Mouriño. Además, la ropa se venderá en tres comercios abiertos al público en general, y al que las personas en situación de riesgo social «que ahora acuden a los roperos podrán ir, con unos vales que recibirán gratuitamente, a adquirir lo que necesiten y lo harán en condiciones de igualdad».

Isabel Fraga Castro pida a las personas que «la ropa que se entregue esté en buenas condiciones. Pedimos que se no entregue cosas que no serían capaces de ponerse ellos mismos». Mouriño explicó que la ropa y el calzado se clasifica, y «la que no sirve para su reutilización, pero que podría ser útil en otros países se envía; aquella que puede ser reconvertida en hilo para fabricar nuevas telas se vende a la industria, pero también hay otra que no sirve para nada». Esta última supone un coste a la empresa, que «tiene que destruirla mediante un sistema respetuoso con el medio ambiente, que es muy costoso». De ahí la insistencia en que las «donaciones sean de productos en buen estado. No habló de ropa nueva, pero sí en condiciones dignas».

Contenedores

La gerente confía en que «poco a poco» se puedan colocar más contenedores, pero por ahora «solo tenemos el que hay delante de la empresa en el Tambre y otro más en el Peleteiro». La empresa recibe también donativos directos de fábricas del textil, como «400 pantalones que nos dieron desde una empresa de Rois». Asimismo, muchas personas entregan bolsas en los roperos de Cáritas, que es «canalizada a Arroupa». En el futuro se negociará con otras empresas, instituciones y colegios para colocar más contenedores. Incluso se espera que, una vez que termine la actual concesión de los contenedores de ropa colocados en la vía pública en Santiago, «se nos permita colocar algún contenedor nuestro en las calles».

Desde su puesta en funcionamiento, «los datos son esperanzadores. En el 2015, abrimos en noviembre, se recogieron 51 toneladas de ropa; y en lo que va de 2016 ya tenemos 64 toneladas de ropa y calzado», explica Isabel Fraga. Actualmente, ya hay material suficiente para poder nutrir las tres tiendas que abrirán a lo largo de próximos meses. La gerente explicó que la idea es que «en Santiago se abra en Casas Reais, donde estaba la librería de buenas lecturas», después del verano; y en un plazo de dos o tres meses se inaugurarán también las tiendas de A Coruña y Pontevedra.

Los comercios serán de ropa y calzado de segunda mano, pero «tendrán una imagen corporativa atractiva y moderna», porque la intención «no es abrir roperos, sino comercios bonitos».

Empresa de inserción social. Arroupa tiene su sede central en la rúa Isaac Peral, en el Polígono do Tambre, en Santiago. Trabajan siete personas, además de la gerente y educador social.

Donaciones. Hay contenedores en la empresa, en el colegio Peleteiro, y también se pueden hacer entregas en los roperos

Fuente: Marga Mosteiro | La Voz de Galicia | Foto: Sandra Alonso