Fue “un regalo de la naturaleza y una muestra de generosidad por parte de los olivos ante el cuidado y los mimos que están recibiendo”, indicaba el párroco, Paulino Sánchez durante la recolección de aquellas olivas.

Nacido en Asturias en 1955, el sacerdote llegó a Valga hace un lustro, procedente de África y se propuso recuperar una parcela parroquial que estaba cubierta de maleza. Y se le ocurrió hacer productiva aquella tierra plantando olivos, con la intención de obtener una producción industrial de aceitunas.

 

Fuente: Faro de Vigo