Diario de una peregrinación (final)

Domingo. Ya se acaba el encuentro, y como no, hoy toca madrugar más que los otros días.

Todo el grupo vestidos con las camisetas oficiales, nos dirigimos para el Lienzo Norte, donde tendremos la Eucaristía.

Nos toca despedirnos de Ávila, pero no de los amigos, porque nuestro viaje continua.

Hasta el martes estaremos de convivencia en Cantalapiedra.

La puerta para recibir de Dios grandes mercedes  es la oración. Santa Teresa.

Lunes y martes. Ya estamos en Cantalapiedra. Ahora sí que nos toca descansar un poquito más.

La tarde de piscina del domingo nos supo a gloria. Y la cena preparada por las hermanas Clarisas más.

El lunes por la mañana estuvimos compartiendo lo vivido entre nosotros, con un grupo de jóvenes de la unidad pastoral de Cantalapiedra y cómo no con las Hermanas Clarisas.

Por la tarde algunos jóvenes y adolescentes volvieron al locutorio y después piscina.

Por la noche tuvimos una Vigilia preciosa, donde se dieron testimonios.

El martes fue un día grande, celebrábamos Santa Clara. Damos las gracias a las Hermanas Clarisas por su acogida y su generosidad.

El Señor no mira tanto la grandeza de las obras como el amor con que se hacen. Santa Clara.