Domingos en Blanco: el clima

Siempre hace falta conversión. La cumbre del clima, reunida en París, lo sabe; aunque le cueste concretar, como a cualquiera. Quien inicia el itinerario de Adviento, tiene claro que el rumbo necesita ser rectificado cada poco tiempo. En la meteorología, como en el alma, la clave entre la vida y la destrucción puede hallarse en un solo grado.

Los esfuerzos de un padre y una madre por ayudar a sus hijos, emocionan. Sin empalagosa sobreprotección, la familia cuida a sus retoños para que peleen en lo esencial: estudios, honradez, sinceridad, etc. Del mismo modo, el Señor guía al pueblo hacia su Nacimiento. Por la sombra. Recto. Llano. Para que se esfuerce sólo en caminar.

Mientras se espera, el amor, como la lumbre, puede crecer o apagarse. Necesita alimentarse constantemente. Aunque se sienta solo en su empeño de enamorarse. En este caso, el perdón resulta un combustible más que apropiado para recibir, con calor, al Hijo de Dios en cada corazón. Ser perdonados para luego poder perdonar.

Nacemos en un clima de debilidad. El pecado original se borra en las aguas de la fe bautismal, pero permanece la inclinación a caer. A nadie le gusta tropezar, pero lo hacemos al ritmo de nuestras faltas. Sólo la humildad supera la sensación de ridículo y vergüenza de los pecadores. Tapar no sirve de nada. Seguiría contaminando por dentro.

Manuel Blanco
Delegado de Medios
de Comunicación Social