Domingos en Blanco: el compromiso

Jesús y Luisa se casaron muy jóvenes. Buscaron fortuna en Inglaterra; en aquel momento pagaban bien y había oportunidades. Pero Luisa no se adaptaba: “non entendo”; “póñome mala”. Suso no quería verla así. Aparcó su prometedor futuro y volvió a España. No puso pegas. Luisa y sus cuatro hijos le importaban más que toda la “herencia” de Churchill. Ella le había confiado su vida, sus hijos, su destino. Eran una sola cosa, no dos. No hay equipo como el de una familia unida.

“Compromiso” describe: obligación contraída; palabra dada; promesa; declaración de principios; tarea encomendada… Dicen que las personas “comprometidas” se implican al máximo en un proyecto, en la familia, en el trabajo, en los estudios, etc., poniendo en juego todas sus capacidades a favor del grupo. Incluso alcanzando objetivos por encima de lo esperado. Saben lo que les espera y lo asumen.

Tal vez, hoy, el compromiso da miedo. Si lo entendemos como las “permanencias” que ofrecen las compañías telefónicas, las del gas o los bancos, ¡no es extraño! Nos dicen que se puede cambiar; ofrecen mejores condiciones; y, si “cuela”, se aprovechan. Pero las “conveniencias” no fundamentaban la unión José-María-Jesús.

Un compromiso roto, afecta con dolor incalculable. Ha habido intimidad, promesas, confianza… si se desploma como un castillo de naipes, aparece la soledad, el vacío, la desconfianza, el desamparo. Cualquiera puede fallar; pero “tirar la toalla” resulta trágicamente peor. Dios, que es familia (Pai, Fillo, Espírito), “exporta” su propia Alianza a cada Matrimonio, dándole el valor y la alegría para sus compromisos.

Manuel Blanco
Delegado de Medios
de Comunicación Social