Domingos en Blanco: el entrenador

Durante mucho tiempo, la Unión Soviética dominó el medallero olímpico a base de métodos de entrenamiento espartanos en la preparación de sus deportistas. A VíktorTíjonov, seleccionador nacional de hockey sobre hielo, se le recuerda como en entrenador más duro de la historia. Estricto, autoritario, despiadado… victorioso.

Tíjonov nació en Moscú el año 1930. Estudiante “justito”. Mecánico de autobuses. Jugador de Hockey. Entrenador. Coronel del Ejército Rojo. Como en una penitenciaría, controlaba todos los aspectos de la vida de sus jugadores. Recompensaba la fidelidad con ascensos militares. No había críticas, por supuesto. Ganaban siempre a los “galácticos” de la NHL norteamericana, aun cobrando menos. La irrupción de Gorbachov en la escena política aireó la crítica de algún atleta que, desde EE.UU relató insultos y humillaciones.Víktor les tachó de desertores. Desintegrada la Unión Soviética y con sus estrellas diseminadas en las ligas de USA y Canadá, aún pudo restregarle al mundo otro oro olímpico en Albertville´92 con el Equipo Unificado (CEI).

Jesús no es VíktorTíjonov. Ni de lejos. A Él le gusta entrenar nuestro abandono en sus brazos. Sin ningún tipo de dictadura; sólo al ritmo que marcan los lazos del Amor. Saca lo mejor que cada uno lleva dentro: Él mismo lo ha puesto allí. Ayuda, trabaja, capacita, estimula, motiva, nutre, prepara para la adversidad y mejora la técnica.

Determinados episodios de nuestra vida (como las contrariedades por las que un justo ha de atravesar) forman parte de la planificación y organización de las sesiones de entrenamiento. Nos dosifica. Explica y cumple las normas que defiende. Nos hace sentir importantes, seguros. La necesidad de un entrenador sólo se percibe desde la humildad.