Domingos en Blanco: el niño

En fechas navideñas, normalmente, abundan los regalos. Un “retaco” de unos 5 ó 6 años, abrió todos sus obsequios traídos por los Reyes Magos y señaló: “jó, pues me parecen pocos”. La generación de los que no hemos sufrido tiempos difíciles se está haciendo mayor. Tiene hijos. Herederos, con frecuencia, bastante “mimados”.

Las y los mimados atraen la atención de todos; no toleran (a veces con rabietas) lo incómodo, el desengaño, los problemas; se aburren; culpan a los demás (casi nunca a ellos mismos) de sus errores; se muestran emocionalmente frágiles y les cuesta aceptar cualquier autoridad. Entonces se descubre que… ¡los “niños-grandes” nos rodean!

Los expertos recomiendan: poner límites a las conductas inapropiadas; no excederse en dar mimos o excesiva autoridad; evitar la sobreprotección; mandar, que corresponde a los padres. Criarse con hermanos, ayuda mucho. Pero además, cuando se ha perdido a Dios del horizonte, el niño o la niña piensan que son el centro del universo.

La verdadera sabiduría se contiene en una sola Palabra: la que se ha hecho carne. Habita en medio de nosotros. Eso confirma que Jesús nos muestre el camino de la madurez: atender a las necesidades de los demás; compartir en intimidad su Cuerpo y Sangre; dialogar con Él en la oración, confiando en sus manos los dones y los problemas; no exigir la imposible perfección, sino la implicación responsable del amor.

Contraste: sólo la sabiduría de un niño intuye la locura de Dios hecho hombre.

Manuel Blanco
Delegado de Medios
de Comunicación Social