Domingos en Blanco: el regalo y la fila

En el hospital, se recuperaba satisfactoriamente un enfermo del corazón. Unos “amigos de la guarda” le habían salvado la vida a base de masaje torácico y respiración boca a boca. La víspera de Reyes, le sugieren a su esposa: “Agora, póñao na cabalgata e mañá recíbeo cos regalos, xunto ao calcetín”. Ella respondió: “O regalo xa foi bó”.

Cada vez que Jesús se pone en la fila para recibir el bautismo de Juan, nos recuerda que no valoramos nuestro Primer Sacramento de modo suficiente. Como una nueva vida. Como si hubiésemos vuelto a nacer tras un infarto. Cristo nos une a Él; nos presenta al Padre. Abre el cielo, antes cerrado. Santifica el agua; sepulta al viejo Adán.

Las personas se convierten en ganado al ponerlas en hileras. A veces, resulta necesario: el control de entrada a un aeropuerto, a un concierto; esperar turno; etc. Pero en ocasiones, indigna: colas de refugiados, deportados, soldados, prisioneros, parados, cartillas de racionamiento, etc. Jesús se solidariza con las filas negras de pecadores.

El Bautismo tiene un punto de semilla plantada, regalo de una nueva criatura en potencia, y otro punto de rebelión interior, contra la parte de animal salvaje a la que tiende el lado oscuro del ser humano. El amor de Dios nos busca y nos diviniza.

Amira estaba en la interminable fila de su comedor de orfanato. Sólo tenía 16 años pero ya se había doctorado en cuantas atrocidades puede padecer una mujer africana. Cuando parecía resignarse a una tragedia sin final, reconoció aquella voz: “Amira, ¿ya no saludas? ¿Qué pasa, pues?” Dicen que aún dura el abrazo entre la chica y la monja navarra, sor Maite, su primera madre adoptiva. Somos de Quien nos ama.

Manuel Blanco
Delegado de Medios
de Comunicación Social