Domingos en Blanco: la máquina del tiempo

Un sacerdote asiático, destinado en Galicia, se quejaba de dos cosas en una reunión: 1) los feligreses señalaban sus relojes de muñeca con el dedo por la duración de las celebraciones. 2) No encontraba mucha voluntad de colaborar económicamente con la parroquia para sufragar los gastos de culto o los de conservación de los templos.

Únicamente habiendo fe, se cuidará el patrimonio material de la Iglesia en el futuro, y se disfrutará de las celebraciones litúrgicas sin necesidad de cronometrarlas.

Cuentan que en el asedio de la isla de Tiro (332 a.C.), Alejandro Magno recurrió a campanas de buceo para destruir las defensas enemigas. Jacques Cousteau y su sistema SCUBA permitieron la evolución y el disfrute del submarinismo. Sólo revestidos de Cristo podremos “bucear” en la Vida Eterna.

La Eucaristía alimenta la fe. Y con fe, apreciamos mucho más su propia riqueza: presencia de Jesús; transformación del ser humano al comulgar; Amor que Dios tiene al quedarse; etc., etc.

El “tiempo” es relativo. En la taquilla de una estación de tren podía escucharse el siguiente diálogo: “¡Maldita sea! ¡Hace media hora que estoy delante de esta ventanilla!” “Pues yo, gracias a Dios, llevo más de veinte años detrás de ella…” Benedicto XVI, el sabio, decía que la fe trae el futuro al presente. Por eso, “¿qué hacer para obrar como Dios quiere?” “Creer”. Porque, en realidad, ya ha sucedido todo.

Manuel Blanco
Delegado de Medios
de Comunicación Social