Domingos en Blanco: profeta “Vinchense”

Me acaban de dar la noticia del fallecimiento de una mujer admirable. Nunca supe exactamente cómo se escribía su nombre; sólo recuerdo, aproximadamente, su pronunciación. Como en el Evangelio, “se admiraban de las palabras de gracia que salían de sus labios”. ¡Y nunca aprendió a hablar más de 4 ó 5 palabras en castellano!

Porque la sra.”Vinchense” vivía de fe. También comía algunos platos de la cocina checa, de donde procedía, pero su principal alimento era Jesucristo. Junto a la letra de san Pablo en 1 Cor 13 y la melodía de J.L. Perales, la vida de esta gran mujer testimoniaba el amor de Dios. Guardaba una fe de la que se sentía guardiana y deudora.

Sentada en un banco, acompañaba a las demás feligresas de la parroquia, rosario en mano. Todas hablaban de sus cosas y ella no entendía más que un 2%; y sólo cuando se esforzaban mucho en explicarle. No “marmuraba”. Sonreía siempre. Su hija y su nieta la veneraban en casa como una reliquia junto a sus libros y estampas religiosas.

No se hacía “ñoña” porque te miraba con unos ojos profundos. Cuando nos sentábamos en familia (el único modo de poderle hablar y escuchar), me traducían sus palabras. Contaba las huidas de joven a las montañas que hacen frontera entre Chequia y Eslovaquia, porque los comunistas radicales les perseguían y rastreaban.

Su cristianismo de catacumbas del s. XX me parecía fascinante. Su vida interior no podía ocultarse. Se le notaba sufrir con el secularismo que rodeaba su estancia en España y que contagiaba a su familia. Aprendía de su débil corazón a ir más despacio y a aprovechar para estar con la gente. No necesitaba decirnos nada para querernos.

Manuel Blanco
Delegado de Medios
de Comunicación Social