Domingos en Blanco: Sitting at the dock of the bay

Agosto de 1967. Ottis Redding anotaba ideas en servilletas de papel y hojasde hotel para su nueva canción.Sentado en un muelle de la ensenada de San Francisco, al contemplar la panorámica marítima, le vino la inspiración:“Sitting at the dock of thebay…” “Veo a los barcos entrar y les veo alejarse de nuevo”. “Dejé mi casa de Georgia y me dirigí a la bahía”…

Un compañero de la EGB me decía que el título de esta canción de Redding era su ideal de vacaciones: “sentarse y no hacer nada; contemplar; pensar…”. Un profesor le rebatía que, donde la letra hablaba de “wastin’time” (dejando pasar el tiempo), un cristiano debería decir “aprovechando el tiempo”. Pero la vida de Ottis (no confundir con la marca de ascensores), fue dura y desesperada en los comienzos.

Hace años se publicó un estudio sobre el cerebro masculino en el que se retrataba a éste como hecho de pequeñas “cajas”,independientes entre sí; una para cada tema en que un hombre se ocupa. Una de esas cajas no contiene absolutamente nada y allí se refugia el varón para descansar: desconecta. Con esto, además de implorar la comprensión de las esposas, se pedía a los maridos que reafirmasen su compromiso.

En el Evangelio de este domingo, vemos a Jesús que comprende el esfuerzo de sus discípulos. El “contracorrientismo” a que se ven sometidos cuando catequizan. El verbo más cristiano no es “hacer”.A veces toca detenerse.Conviene descansar y desahogar mucho junto al Señor. Cambiar de actividad resulta mejor que desaparecer en un zulo. Como decía un “viejiño” portugués: “Descansar sozinhoisto é egoisminho”.

Las vacaciones se idearon para recuperar el gran regalo de la paz (“la paz os dejo”). La que procede del Espíritu interior. La que inspira.La que da fuerza. La que ejerce la caridad y el servicio. La que abre horizontes. La que se recupera al confesarse.

Manuel Blanco
Delegado de Medios
de Comunicación Social