Domingos en Blanco: utilización

Se atribuye al poeta romano Décimo Junio Juvenal lo siguiente: “El pueblo, del que en otro tiempo dependían el gobierno, la justicia, las fuerzas armadas, todo, ahora se desentiende y sólo desea con ansia dos cosas: pan y circo”. Más de uno y de una envidiarían a Jesús por la gente que reunía; necesitan auditorios. Mientras se dejen…

Pero en la mente y el corazón del Maestro no cabe el deseo de manipular. En nosotros, la tentación del interés está presente. Contaba un párroco, con pena, que le dolía mucho cuando le invitaban o le regalaban con el fin de conseguir algún propósito, incluso fuera de las normativas vigentes: “me tiene que dejar casar en esta iglesia; es preciosa”. “Pero, ¿está vd. bautizado?”. “No, soy zoroastrista convencido, pero las fotos aquí resultarán extraordinarias; eso es lo importante”. ¡Cuánto queda por catequizar!

Desde el siglo II d.C., nuestras Misas, prácticamente, no han variado: domingo; lecturas; homilía; ofrendas; consagración; comunión; colecta; etc. Jesús alimenta con su Palabra y con su Sacrificio. La “forma” de comida nos recuerda tres dimensiones de su Sacrificio: reparar el cuerpo, unir a la gente y traer alegría.

Sistema experimental patentado por un colega: “D. Fulano, tome 2 euriños a maiores para tomar un café”. “Non me ofenda, señora. Eu sólo cobro o estipulado. Se quere colaborar coa Igrexia, deixe alí no peto de San Cucufate”. (Revisión do peto antes de cerrar): “Ahá! Nada! Ela queríame sobornar e eu non me vendo”.

Enhorabuena a las parroquias que practican el “dádselos a la gente para que coman”, sin pedir nada a cambio, sin miedo a que falte. Ese horno huele a pan de Jesús.

Manuel Blanco
Delegado de Medios
de Comunicación Social