«El Correo Gallego” entrevistó a monseñor Julián Barrio

El diario de la capital de Galicia, “El Correo Gallego”, publicó en su edición de ayer lunes día 18 de enero de 2021 una entrevista al arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio. La entrevista se realizó la pasada semana en el despacho del arzobispo y la fotografía recoge un momento de la charla entre el periodista y monseñor Julián Barrio.

Nos consta que muchísimas personas, peregrinos pero también familias que viven en y del Camino de Santiago, le están realmente muy agradecidas por la prórroga del Año Santo, ¿qué le animó definitivamente a pedírsela al santo padre? ¿Le costó mucho convencerlo?

Trasladé la petición el pasado dos de junio y lo hice un poco motivado porque muchas personas que pensaban hacer el Camino, que pensaban participar en el Año Santo, me manifestaban que, dada la situación de la pandemia, no les iba a ser fácil. Esto me animó a exponerle al papa la situación en relación a la peregrinación en el Año Santo y le pedí que considerara la posibilidad de prolongar la celebración del jubileo. El papa Francisco ha sido muy sensible y ciertamente ha considerado que, vistas las circunstancias, era bueno que el Año Santo se extendiera con el fin de que la mayoría de las personas que deseen participar en este acontecimiento puedan hacerlo. Por eso, el agradecimiento es al santo padre.

Dada la dramática situación actual, marcada por la pandemia, ¿cuál es el consejo que quiere trasladar a los peregrinos que se estén planteando venir a Santiago?

El consejo que yo puedo darles es que se cuiden, para cuidar a los demás; y en este contexto estudiar las posibilidades de peregrinar a Santiago de Compostela. Realmente, son ellos quienes deben evaluar si es posible hacerlo o no.

¿Confía en la vacuna como una solución para poder peregrinar?

Espero que el proceso de vacunación se pueda agilizar todo lo posible; y de alguna manera esto nos despeje un poco el horizonte de cara a la peregrinación en la celebración del Año Santo. La verdad es que recuerdo que en los Años Santos anteriores en estas fechas de enero, que no suelen ser las más propicias, ya contábamos con un número de peregrinos muy significativo. Esta vez no los tenemos.

Hace unos días el papa Francisco animaba a vacunarse, porque considera que es una “acción ética”, ¿qué les recomienda a sus diocesanos?

Efectivamente, debemos confiar también en los científicos y, lógicamente, si ellos consideran que, de cara a prevenir los contagios en la pandemia, la vacuna es algo efectivo yo aconsejaría que, dentro de las posibilidades, la pusiéramos todos.

¿Usted se la va a poner?

Si Dios quiere, sí. En el momento que me toque (se ríe).

El santo padre tiene sobre su mesa tres invitaciones para visitar España: la suya, la del presidente de la Conferencia Episcopal y la del presidente del Gobierno, ¿le ha comentado algo ya Francisco sobre cuáles son sus intenciones?

No, pero sí recibí un acuse de recibo, como se suele decir, de la invitación que yo le había enviado; y me dijeron que el papa consideraría con mucho cariño está invitación pero que depende un poco también de cómo vaya evolucionando toda esta situación que estamos viviendo.

¿Cree que las nuevas leyes de la eutanasia o educación, o mismo la posición de determinados miembros del Gobierno de España, podrían influir a la hora de programar el viaje apostólico?

No. Creo que, en ese sentido, el papa lo que busca es el bien espiritual de las personas. Si el santo padre considera que pastoralmente es una visita que debe realizar, pues estoy seguro de que la va a hacer. No le va a condicionar en absoluto.

El Año Santo se complementa con la programación cultural y la promoción del plan Xacobeo de la Xunta, ¿qué plan se impulsa desde la Diócesis para impulsar el jubileo?

El plan pastoral de la Diócesis parte de un supuesto claro: el Año Santo es un acontecimiento espiritual, es decir, un acontecimiento de gracia y bendición para tantas y tantas personas que a lo mejor han perdido la esperanza. Es un acontecimiento que lógicamente tiene que suponer una sanación y un encuentro para que nosotros de alguna manera podamos continuar esa memoria penitencial. Porque el Año Santo es el año de la gran perdonanza; y eso no lo podemos perder de vista. Sobre estas bases, la preparación que nosotros hemos hecho cuenta con las dos cartas pastorales que yo he escrito: ¡Sal de tu tierra! ¡El Apóstol Santiago te espera! y La esperanza de peregrinar a Santiago de Compostela. Junto e estas pastorales, hemos publicado una guía espiritual para que los peregrinos se sientan acompañados espiritualmente a lo largo del Camino; y hemos publicado también varios temas de reflexión sobre lo que es el hecho cristiano, la dimensión espiritual del Año Santo y de la peregrinación.

¿Cómo ayuda al peregrino?

Son realidades que efectivamente pueden ayudar al peregrino a descubrir lo que es la dimensión espiritual de la peregrinación y del Camino. Suelo decir muchas veces que si el Camino perdiera esa dimensión espiritual, se convertiría en una realidad inerte. La actitud de la Diócesis no ha sido otra que salir al encuentro de los peregrinos y ofrecerles la mejor hospitalidad. No solo aquí, en la meta, sino que también les he pedido a los obispos del Camino que traten de cuidar este aspecto y traten de acompañar también a los peregrinos a lo largo de la Ruta.

Este es un año especial también para usted: celebra el 25 aniversario de su toma de posesión como arzobispo de Santiago, y también cumple 75 años, la edad de jubilación canónica, ¿puede contarnos el hecho (bueno o malo) que más le haya marcado durante este tiempo?

La verdad es que 25 años dan mucho de sí (risas). El hecho fundamental para mí en estos 25 años es el haber podido acompañar a los diocesanos y sentirme acompañado por ellos. Es decir, por los sacerdotes, religiosos y laicos cristianos. Pero no solo por ellos, sino también por otras muchas personas de buena voluntad que no comparten la fe cristiana pero que yo entiendo que deben ser escuchadas porque tienen también el deseo de escucharme a mí. Y eso es importante, porque es enriquecedor.

¿Y un momento significativo?

La visita de Benedicto XVI en el anterior Año Santo fue algo muy gratificante porque, aparte de que daba al Camino la dimensión de la apostolicidad, para la Archidiócesis fue motivo de orgullo recibirle en su peregrinación. Vino como peregrino de la esperanza Santiago.

¿Cree que el papa le prorrogará también a usted su pontificado hasta que se cierre la Puerta Santa?

A mí lo que me toca es presentar en agosto, que es cuando cumplo los 75 años, si Dios quiere, la renuncia a la Diócesis, como es preceptivo canónicamente. Lo demás, ya no depende de mí.

¿Le apetece jubilarse o le gustaría seguir trabajando?

Es verdad que la Diócesis la tengo que dejar, pero eso no impide que de alguna manera pueda también seguir trabajando pastoralmente en otros campos.

¿Qué tal se encuentra de salud?

De momento, bien, gracias a Dios.

Cuando se fue el recordado obispo auxiliar don Jesús el pasado verano, usted comentó que probablemente tendría pronto un sucesor, pero de momento no ha llegado, ¿contará con esta ayuda en el jubileo?

Uno siempre necesita ayuda. Eso es lógico. En este sentido, espero que pronto, efectivamente, podamos contar con un obispo auxiliar.

¿Hay probabilidades de que sea un sacerdote de la Diócesis?

Probabilidades hay, claro. Probabilidades las tiene todo aquel sacerdote que, de una u otra manera, la Santa Sede considere que le puede encomendar esta misión.

Dada la escasez de vocaciones y el desarraigo de muchos fieles, ¿cuál es la situación del clero?

Para mí no deja de ser una preocupación. Por todos es conocida la alta media de edad de nuestro clero. Tengo que agradecerles mucho a los sacerdotes toda esa generosidad y disponibilidad que tienen a la hora de seguir al frente de las parroquias, porque muchos de ellos podían decir: bueno, he cumplido los 75 años y evidentemente tengo derecho, con toda la legitimidad, a tener un descanso y a dejar las parroquias. Por eso quiero agradecérselo.

¿Y cómo están las parroquias?

La situación que estamos teniendo de cara a la atención de las parroquias, que son 1.072, no es fácil. Estamos tratando de confeccionar las unidades pastorales que agrupen distintas parroquias y que puedan estar cuidadas pastoralmente por uno o dos sacerdotes y religiosos, si los hubiese, en esa unidad pastoral; así como por un grupo de laicos que colabore en esta inquietud pastoral del cuidado de las parroquias. A esto ha contribuido la Escuela Diocesana de Agentes de Pastoral que, por cierto, tuvo una respuesta, gracias a Dios, muy importante, en la cual se han ido formando no pocos laicos que, sin duda alguna, nos pueden prestar una gran ayuda ahora en este sentido. Creo que hay que tener esperanza y pensar que, efectivamente, el dueño de la viña es quien es; y nosotros solo somos trabajadores. Ojalá hagamos lo que tenemos que hacer.

El papa regularizaba hace unos días el ministerio del acolitado y el lectorado para las mujeres, ¿cuál es el papel de la mujer y de los laicos en general en la Iglesia compostelana?

Desde el primer momento que llegué a la Diócesis una de mis preocupaciones fue la de comenzar con los laicos un proceso de formación para que realmente pudieran responder a lo que son los derechos que tienen en la Iglesia como bautizados. Gracias a Dios, contamos con un grupo de laicos significativo que está colaborando en los distintos ámbitos de las parroquias: en la catequesis, en la labor caritativa y social; y en esa preocupación que da respuesta a las necesidades que tiene nuestra Iglesia. En este sentido, tanto el papel de las mujeres como de los hombres a mí me parece muy significativo e importante. El papa confirma la conveniencia y la necesidad de esa presencia del laicado, mujeres o hombres, en el quehacer pastoral de la Iglesia.

¿Cuál ha sido la acción de la Archidiócesis durante la pandemia?

La verdad es que puedo decir con toda la humildad que hemos hecho todo lo que podíamos hacer. Para mí ha sido muy importante que las familias hayan redescubierto su condición de Iglesia doméstica a lo largo de este tiempo: el padre y la madre acompañando a los niños, a los jóvenes, en ese proceso de formación e información catequética que a mí me parece fundamental. Han estado muy pendientes de las necesidades que, ciertamente, se presentaron en las distintas parroquias y dentro de sus posibilidades han tratado de darles respuesta. Y hay otra cosa que me parece muy importante: esta situación de la pandemia nos ha llevado de manera especial a redescubrir la necesidad de las relaciones de unos con los otros. Eso es fundamental a la hora de entendernos y comprendernos; y también de podernos ayudar.

Y la labor caritativa…

Efectivamente, toda la labor que ha desarrollado Cáritas durante todo este tiempo; y también otras instituciones que han estado muy pendientes de ayudar a aquellos que son más vulnerables, a las personas que están más necesitadas.

Como arzobispo, ¿cuál es el problema que más le preocupa?

Preocupaciones nunca faltan (risas). Hay algo dentro del ámbito diocesano y de la Iglesia en general que me preocupa mucho: el proceso de descristianización que está viviendo la sociedad. Y hay otro aspecto que también me preocupa: muchas personas consideran que con el cambio del tiempo, con el paso de los años, hay determinados contenidos de la fe que dejan de tener razón de ser. Esta es una preocupación a la hora de tratar de volver a lo que es el hecho fundamental del cristianismo, que es vivir la identificación de lo que es la persona y la historia de Cristo, tratando de vivir en comunión los unos con los otros. Creo que estos últimos años ha sido un poco la clave con la que yo he intentado acercarme a los diocesanos y también a todas las personas de buena voluntad a las que necesito escuchar; y que yo creo que a lo mejor también ellas piensan que es bueno escucharme a mí, como decía.

¿Se necesitaría, quizás, un nuevo remozamiento o palabras nuevas, siempre respetando la doctrina, para llegar a la gente de nuestros días?

Se necesita querer a la gente; y a partir de ahí se encuentra el lenguaje para anunciar el Evangelio; y también para que las personas a las cuales uno se dirige comprendan aquello que uno quiere comunicar, que no es otra cosa que los valores del Evangelio, que son los que dan razón y fundamentan nuestra fe.

La Catedral está hermosa después de su restauración, ¿qué fue lo que más le llamó la atención cuando la vio por primera vez?

Cuando se hizo la inauguración, comenté que muchas personas se preguntaban de dónde había podido salir tanta belleza. Evidentemente, ahora se refleja de manera especial. El Pórtico de la Gloria y la Capilla Mayor, con la restauración que se ha hecho, son como una catequesis constante de lo que es la peregrinación en la tierra y lo que realmente estamos llamados a esperar en esa ciudadanía de los santos.

En los últimos Años Santos se venía reforzando el Cabildo con nuevos canónigos dado el aumento de trabajo, ¿habrá también en esta ocasión nuevos capitulares?

Cada día tiene su afán (risas). Es verdad que nuestro Cabildo tiene un grupo de personas… lo que pasa es que, claro, la edad nos afecta a todos. Entonces, en función de la necesidad trataremos de dar la respuesta que consideremos más adecuada.

 

Para conocer un poco más del arzobispo de Santiago

Su plato preferido: (Carcajadas) Con una tortilla de patatas bien hecha me conformo.

Un lugar: Es difícil escoger, sobre todo aquí, en esta Galicia nuestra, donde, como decía Rosalía de Castro, se ve la mano de Dios.

Un hobby: La lectura

Un libro: Ahora estoy releyendo a San Juan de la Cruz.

Un papa: Creo que no es bueno comparar a los papas, porque el Señor nos da en cada momento a aquella persona que realmente necesitamos al frente de la Iglesia.

GALLEGO DEL AÑO

BIOGRAFÍA Licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca (1971), Doctor en Historia de la Iglesia por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1976) y Licenciado en Filosofía y Letras por la de Oviedo, el 31 de diciembre de 1992 fue nombrado por el papa Juan Pablo II obispo auxiliar de Santiago; y en 1996 arzobispo de la misma Diócesis. Entre sus distinciones, cuenta con la Medalla de Oro de Santiago, ciudad de la que es Hijo Adoptivo; y también con el Premio Gallego del Año que concede EL CORREO.

Fuente: El Correo Gallego