El cura caminante de la película «Footprints»: «Peregrinar te ayuda a entender la cruz y a madurar»

En el origen de Footprints, la película de Juan Manuel Cotelo sobre el Camino de Santiago que inicia en estos días su recorrido por salas de todo el mundo, nos encontramos con un sacerdote de 35 años nacido en Cuenca, ordenado en 2004 y miembro del instituto secular Servi Trinitais: Sergio Muñoz Fita.

Llegó a Phoenix (Arizona, Estados Unidos) en enero de 2012, a petición del obispo Thomas Olmsted, para trabajar con el creciente número de inmigrantes mexicanos que, por su gran número, no encontraban la adecuada atención pastoral en español.

Hoy es el párroco de Santa Ana y tiene a su cargo unos cien mil fieles, con una treintena de personas empleadas para sacar adelante el trabajo administrativo. Esas dimensiones suponen el gran cambio respecto a su anterior destino pastoral en España, porque, según nos explica, “la imposibilidad de atender a todos obliga a un discernimiento muy grande y todo ello sin descuidar tu propia vida de oración”.

Fue el Padre Sergio quien tuvo la iniciativa de reunir un grupo de hombres con los que hacer la peregrinación compostelana y plasmar en una película esa experiencia y que sirviese para darla a conocer en todo el mundo. Llamó al cineasta Juan Manuel Cotelo y comenzaron los preparativos.

El padre Sergio llevaba tres años sin disfrutar de su mes de vacaciones justo para acumularlos. Con esos noventa días por delante, puso en práctica el proyecto largamente acariciado: desde que en 1989, cuando tenía diez años, vio a San Juan Pablo II en la televisión llegando al Monte del Gozo durante la JMJ de Santiago de Compostela.

Allí “hizo pivotar todo su discurso sobre la peregrinación” y aquel niño que luego sería de Acción Católica soñó por primera vez hacerlo: “Como me gustan mucho las actividades al aire libre, estaba destinado a suceder. Y luego vas leyendo sobre su historia y su espiritualidad y el Camino te va enamorando“.

“Al principio la idea era ir yo solo, pero luego el corazoncito de sacerdote te dice: ¿por qué no llevas a otras personas a las que el Camino les podría ayudar a acercarse a Dios?“. En Estados Unidos, explica, la película El Camino [The Way], protagonizada por Martin Sheen y dirigida en 2010 por su hijo Emilio Estévez, “ha llegado a mucha gente”.

Buscando compañeros

Con la “épica”  que implica la dificultad de hacerlo, empezó a reclutar gente, jóvenes que se fueron agregando “de una forma muy natural” durante los meses anteriores. Como preparación, llegaron incluso a bajar y subir el Cañón del Colorado en un solo día, algo que las propias autoridades del parque desaconsejan: son mil metros de desnivel. Don Sergio dice que ya tenía agujetas cuando llegó abajo… y quedaba subir: “Jamás en mi vida he estado tan cansado como al regreso de aquello”.

Ya sólo quedaba prepararlo, y lo hizo a conciencia gracias a Google Earth y al software del GPS que utilizaron. Eran 40 días y 1000 kilómetros, pero no por el camino francés, “el que hace el 80% de la gente”, sino por la ruta norte, más exigente físicamente y que prefirió “por el entorno natural, por su diversidad, por la herencia histórica…”. Además programaron algunos desvíos para visitar Loyola, Santo Toribio de Liébana, Covadonga…

Una ruta con estructura ignaciana

Partieron de Zarauz recibiendo la bendición del obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla. Llegar hasta la patria de San Ignacio tenía sentido porque aprovecharon la estructura de cuatro semanas de sus Ejercicios Espirituales como guía espiritual para la peregrinación, que incluía además una parte sobre dos ruedas (entre Covadonga y Oviedo) para la cual contrataron a una empresa que les llevó las bicicletas hasta el santuario y se las recogió en la capital asturiana.

Y una preparación tan exhaustiva, ¿no puede cerrar los vericuetos de la Providencia, de ir a la buena de Dios?

El padre Fita no lo cree. “Como decía San Ignacio, hay que trabajar como si todo dependiera de nosotros y rezar como si todo dependiera de Dios. Cada día y cada hora ya incluye factores que no están en tu mano. Pero toda planificación es poca, tanto a nivel natural como a nivel sobrenatural. Las eventualidades surgen a cada momento y esas son las cosas que tienes que poner en manos de Dios y despreocuparte”.

La disposición determina el fruto

E incide en el aspecto sobrenatural de la preparación del Camino: “El peregrino se tiene que preparar. San Ignacio, en los Ejercicios, dice que los ejercicios dan fruto en función de las disposiciones, importa mucho cómo entra uno en ellos. Lo mismo en el Camino. Ya te presenta bastantes retos: si no vas preparado, es un desastre. Todo está en las manos de Dios, pero también lo que tú has preparado forma parte de la Providencia de Dios, que quiere que, en la medida de nuestras posibilidades, estemos preparados”.

El auténtico peregrino espera encontrar a Dios en el Camino, pero “nosotros no somos quiénes para decirle a Dios cuándo y cómo tiene que manifestarse en nuestra vida. Eso sí, es importante disponer el corazón para que, cuando Dios quiera hablar, yo esté bien dispuesto para recibir su mensaje. Sí que es importante en el Camino de Santiago trabajarse a sí mismo y disponerse para que el corazón esté abierto al amor, a la gracia de Dios, al Espíritu Santo, y uno pueda escuchar la voz de Dios cuando Dios se manifiesta. Cuando la persona es generosa, Dios se entrega generosamente”.

“El Camino tiene muchas exigencias en todos los sentidos (físicas, espirituales, emocionales) y coloca a la persona en el disparadero, y por tanto”, añade el padre Sergio, “es muy normal que cuando uno entra con las disposiciones necesarias, Dios se le manifieste. El peregrino que va con una visión de fe a hacer el Camino, de su parte hace todo lo que puede para abrirse a la voluntad de Dios. Pueden pasar muchas cosas y muy buenas”.

El sufrimiento: escuela para madurar

Otra lección del Camino es convivir con el sufrimiento, algo que ayuda a darle sentido a los sufrimientos y dolores de la vida, y ese es otro de los mensajes de Footprints, explica el párroco de Santa Ana: “Desde el punto de vista sobrenatural está el papel redentor del sufrimiento, nuestra unión con Cristo, la necesidad de morir a uno mismo, cargar la cruz de Cristo, ser fiel a la vocación… el sufrimiento es la piedra de toque de cualquier ser humano y en particular del cristiano. Todos tenemos la tentación de dar un paso atrás, y en ese sentido la peregrinación te ayuda muchísimo a entender el papel de la cruz en tu vida cristiana y el papel del sufrimiento en tu maduración humana y psicológica. Y a distinguir tipos de sufrimientos, porque hay sufrimientos malos que nos destruyen y otros que nos ayudan a crecer. Cuando sufrimos, Dios nos da la gracia para transformar ese sufrimiento en amor. La Cruz es ya la gloria. Esto es un contenido sustancial de Footprints“.

Misa en lo alto del Monte Ernio, en Guipúzcoa.

Y añade otra consideración: “El sufrimiento no tiene por qué doblarnos ni decir la última palabra. Cristo nos da la gracia para superarlo. Y Footprints, de manera graciosa, simpática, sencilla, ayuda a ver que después del sufrimiento del Camino está la alegría de llegar a la meta. En la vida siempre tenemos los resortes naturales y sobrenaturales para vencer la tentación y la prueba. La esperanza de lo que Dios nos va a dar nos da la energía que necesitamos y al llegar pensar que ha valido la pena y que menos mal que no nos rendimos”.

Caminando, como en El Señor de los Anillos

Le preguntamos al padre Sergio por esa comunión entre los once peregrinos que se va creando a medida que avanza el metraje de Footprints (camaradería, voluntad de superación, búsqueda espiritual), que recuerda a El Señor de los Anillos ¡y resulta que él es un fan de la obra de JRR Tolkien!

“Lo debí leer por primera vez con diez o doce años y me lo he leído varias veces, me parece una obra maestra y, desde el punto de vista ético y espiritual, una maravilla. Para alguien enamorado de El Señor de los Anillos, la peregrinación a Santiago le evoca mucho esa obra. Según decía Patrick, uno de los peregrinos que también ama la novela, el Camino es una manera católica de vivir una experiencia semejante. Sí, nos ha influido: éramos once (aunque la Comunidad del Anillo son nueve), cada uno con roles distintos, con procedencias diversas, paisajes naturales que evocan los de los libros, el ejercicio de las virtudes… Porque El Señor de los Anillos es una escuela de virtudes vividas o narradas”.

Una peregrina al final del Camino

Esa Comunidad del Anillo de Footprints volvió a reunirse hace no mucho por una circunstancia dramática, que nos desvela el padre Sergio. En su parroquia había una mujer, Kelly, en torno a los sesenta años, que tras convertirse al catolicismo entró a formar parte de lleno de la vida parroquial. Este verano, a principios de agosto, se le detectó un cáncer con un pronóstico de pocas semanas de vida. Ella había encomendado mucho a los peregrinos cuando hicieron el Camino.

Así que el padre Fita, una de las veces que fue a verla para administrarle los sacramentos, le hizo una propuesta: “Sabiendo que no iba a llegar a a ver el estreno de Footprints, le pregunté: ¿te gustaría ver el documental? Porque ella rezó mucho por nosotros. Llamé a los peregrinos que estaban en Arizona y nos congregamos para verlo juntos, con ella, después de darle la comunión. Fue muy bonito, la vimos hace tres semanas. Yo tenía un ojo en la televisión y el otro en Kelly y me emocionaba con ella y me daba cuenta de que ella estaba haciendo la peregrinación más importante y ya estaba llegando. Los peregrinos la animaron y ella les animó a ellos, como diciéndoles ‘yo estoy al final y os digo que vale la pena seguir hacia adelante’. El domingo 25 de septiembre Kelly falleció. Nosotros le dibujamos una sonrisa a Kelly en los momentos más difíciles. Y ella se sirvió del documental para empujarse hacia Dios en ese último esfuerzo”.

Reportaje publicado en Religión en Libertad