El duelo sin despedida, último acto de amor

  • «Es duro no acompañar a un familiar en sus últimos momentos; es un acto de generosidad», dice el capellán del Cunqueiro -Los sacerdotes prestan ayuda en los hospitales gallegos

El duelo sin despedida es un sufrimiento añadido para las víctimas mortales de Covid-19 y sus familias, así como la ausencia de acompañamiento de los miles de infectados en los hospitales de toda España que deben hacer frente a la enfermedad sin abrazos y sin consuelo físico. «Es duro no poder acompañar a un familiar en sus últimos momentos, pero en este caso es un último acto de amor, un acto de generosidad para todos los demás. Los enfermos no están solos, los sanitarios hacen una labor encomiable. Cuando pase todo, cada familia afectada hará el homenaje y dará la despedida que se merece al fallecido, porque recordarle juntos reconfortará y consolará», explica el capellán del Hospital Álvaro Cunqueiro de Vigo, Benito R. Guerreiro.

Los capellanes de los centros hospitalarios gallegos permanecen en sus puestos, aunque a la bata blanca le han sumado guantes y mascarillas. «Estamos a disposición del enfermo, de su familia y del personal sanitario las veinticuatro horas del día. Pero mi deber es también cuidar mi propia salud. Si el enfermo está consciente y ha pedido verme, me acerco, sino y si la familia quiere rezamos. Siempre puedes darles esperanza, una palabra de ánimo siempre se agradece», expone Guerreiro.

Este sacerdote, que además es párroco de San Miguel de Oia y profesor de Magisterio, lleva «confinado» ocho días de forma voluntaria en el hospital vigués y asegura que no tiene tiempo de aburrirse: «Me siento exprimido también por mi parroquia y mis alumnos, a los que sigo dando clase online».

El capellán mantiene abierta la capilla del Cunqueiro y celebra a diario la Eucaristía y otras oraciones y ritos, como el Vía Crucis, aunque sin apenas fieles para cumplir las normas de protección.

Estos días no ha notado mayor demanda de sus servicios: «La verdad es que tenemos muy pocas demandas los sacerdotes, imagino que los enfermos están preocupados en otras cosas y sus familias no pueden venir, así que tampoco nos avisan. Pero también es muy útil nuestro apoyo al personal sanitario, no tienen miedo a servir a la gente pese a que estos días están muy tensos y estresados, hay que agradecer el esfuerzo laboral y personal que realizan».

El padre Juan José es uno de los cuatro capellanes del Hospital Clínico de Santiago, que se turnan para asistir a los enfermos, acompañarles, darles la comunión o la unción de enfermos.

«En la planta destinada al coronavirus hay pacientes asustados, pero no están solos. El personal sanitario es un gran apoyo», asegura. También en el Clínico mantienen los capellanes abierta la capilla y ofrecen asistencia las veinticuatro horas del día, si bien no han notado una mayor demanda de sus servicios.

El sacerdote Eduardo Silva es uno de los tres capellanes del Hospital Arquitecto Marcide de Ferrol. «No rondamos las urgencias, ni reanimación, ni la UCI pero estamos en el hospital a disposición de quien demande nuestro apoyo. No tienen que ser sólo católicos, pues la necesidad de consuelo no es religiosa, sino humana», matiza. Aunque él celebra en soledad la Eucaristía en la capilla todos los días, recuerda la importancia de la comunión espiritual para todos los que tienen fe. «No hace falta ir a comulgar», recuerda. Eduardo Silva sostiene que es lógico que los enfermos estén asustados por el coronavirus y hay que ofrecerles consuelo.

En este sentido Benito R. Guerreiro apuesta por las nuevas tecnologías mientras el enfermo pueda. «Les reconforta ver a sus familiares aunque sea por el teléfono», aunque incide en que cuando los pacientes ya no pueden acceder a ellas o en los casos de quienes están solos, el Hospital Cunqueiro se ha sumado a una iniciativa creada en hospitales de Madrid. «Ponemos un correo al servicio de los ciudadanos para que los enfermos aislados puedan recibir palabras de ánimo de sus familias, amigos e incluso de desconocidos. Médicos, enfermeros y personal de la planta donde se encuentran aislados se las llevarán cuando vayan a darles medicinas o a prestarles cualquier tipo de asistencia. El correo abierto es apoyocovidvigo@gmail.com.

El sacerdote vigués considera que el aislamiento conlleva algo positivo, y es que las familias vuelven a reencontrarse y quizás que hay menos soledad en los domicilios, aunque indica con humor que algunos descubren que no soportan a sus familias «como el chaval que pidió a la policía que le arrestaran porque no aguantaba más a su madre».

En su opinión, con esta experiencia «vamos a descubrir que el cielo está habitado y que la fe ayuda a vivir. Vamos a descubrir que existen la generosidad y el miedo, que el amor ni se compra ni se vende, sino que se comparte». Cree también, que «el grito de los pobres ha sido escuchado» y la pandemia es «una llamada de atención a toda la humanidad que llega de un bicho extraño que se expande». Apunta, además, «que los derechos humanos, tan incumplidos en todo el mundo, tampoco han aportado nada a los diez mandamientos».

 

Fuente: Faro de Vigo