El obispo auxiliar presidió el funeral por el franciscano padre Isorna

El obispo auxiliar de Santiago, monseñor Jesús Fernández González, presidió ayer el funeral por el eterno descanso del padre José Isorna, franciscano, que se celebró en la Iglesia conventual de San Francisco, en Santiago de Compostela. Numerosos sacerdotes, entre los que se encontraba un sobrino del franciscano fallecido, concelebraron la Eucaristía, a la que asistieron numerosos fieles. También estaban presentes representantes del mundo de la comunicación social, ya que el padre José Isorna fue durante muchos años delegado de Medios de Comunicación del Arzobispado de Santiago de Compostela. El obispo auxiliar transmitió a la familia del franciscano fallecido y a su comunidad, un mensaje de condolencia del arzobispo compostelano, monseñor Julián Barrio, ausente ayer de la Archidiócesis. En su homilía, monseñor Jesús Fernández González habló sobre el compromiso de predicación evangélica llevado a cabo en su vida sacerdotal por el padre José Isorna.

Homilía de monseñor Jesús Fernández González:

“Apagouse unha voz, máis segue a vivir a Palabra”

Cada día saen ao noso encontro múltiples problemas a pensar, a buscar as súas raíces e derivacións, a intentar solucións. Pero de todos estes problemas, hai un que ven sendo especialmente escuro e doloroso: a morte. Escuro porque, por máis que o remoamos, non acadamos a súa total comprensión; doloroso porque nos arreda dos seres queridos e danos acenos da nosa limitación. Dende a humildade que pide a impotencia humán de fronte á morte, escoitemos a Palabra de Deus que ven axudarnos e que, predicada polo pai Isorna, foi principio de vida e esperanza para moitos.

“Este ha sido mi Evangelio por el que sufro hasta llevar cadenas”. En el fragmento de la 2 Tim que se ha proclamado, el apóstol Pablo recuerda a su discípulo y compañero que su Evangelio ha sido Cristo resucitado y que, por Él, ha sufrido hasta llevar cadenas, es decir, hasta el punto de ser apresado. Y añade: la Palabra de Dios no está encadenada. En otros lugares bíblicos se nos recuerda que “es viva y eficaz”, que produce fruto seguro, “que es eterna y más estable que el cielo”, que es salvadora… Precisamente porque salva a los que creen en ella, San Pablo lo da todo por servirla a los elegidos.

“Sus labios destinados a predicar el Evangelio”. En una de las moniciones de despedida de un sacerdote, situada en el Rito de Exequias, después de recordar que fue hecho templo vivo de Dios por el Bautismo, se indica que participó del sacerdocio de Cristo por el sacramento del Orden. Una de las dimensiones de su ministerio pastoral ha sido precisamente la predicación del Evangelio. Como San Pablo, el P. Isorna también fue hecho templo vivo de Dios por el Bautismo. Recibió el sacramento del Orden y vio consagrados sus labios para predicar el Evangelio. Acercándose a la Palabra de Dios día a día, como fiel discípulo, saboreándola y haciéndola vida en su vida, fue comprendiendo que Dios había puesto en sus manos un tesoro que no podía guardarse para sí, sino que tenía que comunicar fiel y apasionadamente para bien de sus hermanos.

Con profundo respeto hacia todos y en distintas plataformas comunicativas, se dirigió a creyentes fervientes para afianzarles en la fe, y también a otros débiles e incluso alejados de ella para acercarles a Jesucristo, al que presentó como camino que guía hacia la vida en plenitud. Les aproximó también a Jesucristo luz y verdad que desvela los secretos del propio ser humano. Como recuerda efectivamente el Concilio Vaticano II, el misterio del hombre se desvela a la luz del misterio de Jesucristo. Y, porque es camino, nuestro hermano nos ha recordado la invitación de Jesús a seguirle en la humildad, la lucha por la justicia, el espíritu de sacrificio, la misericordia, la limpieza de corazón, la lucha por la paz…

“Quien escucha mi Palabra y cree al que me envió posee la vida eterna”. Jesucristo se nos ha presentado también como la vida del hombre y del mundo. Estas palabras tomadas del Evangelio de San Juan nos lo recuerdan. El profeta nos lo recuerda siempre. En verdad, la Palabra que es Cristo nos mueve a la fe y, en último término, a la salvación. Ella es la que nos hace cristianos y, a través del Bautismo, miembros de la misma Iglesia. La Palabra nos regenera, nos reconstruye en Jesucristo y no sólo individualmente, sino también como comunidad de creyentes. Y, en fin, la fe que nace de la escucha, nos comunica la vida eterna, la vida en Cristo resucitado. Por eso, los que creemos en Él, creemos haber pasado ya de la muerte a la vida.

Empezaba lembrando o enigma da morte. Na Palabra de Deus, en Xesucristo morto e resucitado temos a resposta. Non esteamos logo tristeiros. Deámoslle grazas a Deus que no Misterio Pascual nos chama a vivir con El e cós salvados para sempre. Deámoslle grazas tamén polos profetas da vida que, como o Pai Isorna, nos achegan a mensaxe do Evanxeo e nos lembran que o noso destino é vivir.

Que así sexa.

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