Está escrito: «Se distribuía según lo que necesitaba cada uno». Pero con esto no queremos decir que haya discriminación de personas, ¡no lo permita Dios!, sí consideración de las flaquezas. Por eso, aquel que necesite menos, dé gracias a Dios y no se entristezca; pero el que necesite más, humíllese por sus flaquezas y no se enorgullezca por las atenciones que le prodigan. Así todos los miembros de la comunidad vivirán en paz.

(REGLA de san BENITO capítulo XXXIV: Si todos han de recibir igualmente lo necesario, 1-5)

 

9:15: desayuno…

Comida informal, de autoservicio…

Aunque es verdad que «No sólo de pan vive el hombre» también lo es que sin él no vive… Es necesario estar fuertes para servir, y hacerlo con alegría. ¡Gracias, Señor, por la leche caliente, el café, el pan, la fruta y cuanto se nos ofrece!

Cada una según su necesidad, respetando y estimulando la generosidad de cada una. Una comunidad monástica no es algo uniforme, pero sí concorde. Debemos aprender de la belleza que nuestro Señor ha puesto en cada una y ver más allá de las apariencias y debilidades, ¡incluso las nuestras que, a veces, son las que menos vemos…!

“Así todos los miembros de la comunidad vivirán en paz”…

¿Sabemos vivir la tan voceada pluralidad?