Con los grupos de peregrinos, uno de los momentos más emotivos resulta la travesía en barco por el lago de Galilea, emulando la navegación de Jesús en compañía de los discípulos. Es habitual utilizar la imagen del la barca para referirse a la Iglesia. En esas aguas, “nuestro” Santiago, natural de Betsaida, pueblo a orillas del mar de Galilea, ejerció como pescador en la primera etapa de su vida. Aquí viene a la cabeza la invitación de Jesús: “rema mar adentro” (…) “no tengas miedo”. Frente a las tempestades de la vida, Dios es calma, serenidad, paz. Las embarcaciones suelen parar los motores durante un tiempo para que los viajeros puedan emular los relatos situados en este Lago. Como en el pasaje de “la tempestad calmada”, Jesús parece dormido, en ocasiones. Hay que “despertarle”. Luego siempre queda un espacio para el silencio. Se reza el Padrenuestro y los peregrinos de lengua española cantamos el “Tú has venido a la orilla”.

Fray Paco