En la calle…

Un profesor de religión conoce a un sin techo en Santiago de Compostela, establecen una amistad y un buen dia decide llevarlo a su clase de religión en un instituto de bachillerato para que diera su testimonio. Al final de la clase, un alumno escribe el siguiente relato:

“El viernes 16 de enero de 2015, tuvimos una clase diferente de Religión: –una persona sin hogar, que vive en la calle– nos deleitó con el relato de su vida personal, de cómo llegó a estar en esa situación. Y es muy importante que tengamos en cuenta que cualquiera de nosotros en un futuro podemos estar en la misma situación. Simplemente se tienen que dar una serie de factores que combinados pueden llevarnos desde “la cima de la montaña a lo más bajo de la misma”.

Michael era una persona normal como cualquiera de nosotros: estudió en el colegio, llegó a la universidad y empezó la carrera de medicina. Llegado cierto momento, tuvo un enfrentamiento con su padre ya que este quería que estudiase una especialidad distinta a la que él quería. A raíz de esta discusión, Michael decidió marcharse de casa y buscarse la vida por su cuenta. De primeras se marchó de Berlín (su ciudad natal) a otra ciudad en Alemania con la intención de buscar trabajo, pero no encontró nada. Tomó entonces la decisión de viajar hasta Francia en donde entró en el ejército y perteneció a él hasta que no pudo continuar y se encontró de nuevo en la calle, sin estudios universitarios, sin dinero… Volvió en ese momento a Alemania donde estudió durante tres años para ser sastre.

Una vez terminó, retomó la búsqueda de trabajo y nada, no lo encontró. Volvió a viajar fuera de Alemania y se marchó a París, donde pasó un tiempo tras el que se trasladó a Amsterdam, ciudad en la que vivió 12 años. Mientras estuvo en esta ciudad, se convirtió en un adicto a las drogas (heroína, cocaína…). Un día, se encontró en la calle con otro drogadicto con la ropa harapienta y el pelo largo y sucio… Fue en ese momento en el que vio lo que le esperaba si seguía por el camino que llevaba y tomó la heroica decisión de dejar las drogas. Después de esto, regresó a Alemania, donde insistió en la búsqueda de trabajo, pero no fue capaz de hallarlo.

A la situación que vivía sin trabajo, sin dinero, sin estudios… se le añadió otro problema más: sufrió un hictus y un infarto, lo que hacía más difícil todavía que alguien le ofreciese un puesto de trabajo. Es después de esto cuando decidió marcharse a Barcelona y más tarde a Santiago de Compostela, en donde vive en la calle. La única razón que le animó a seguir intentando encontrar una ocupación fue su madre. Al pensar en ella era incapaz de robar o hacer otras cosas aparte de continuar con la búsqueda de trabajo. Al igual que le ocurrió a Michael, cualquier persona puede tener una familia, un trabajo, hijos… pero por problemas con la mujer, problemas laborales, problemas con los parientes, lo pierde todo y se encuentra de repente en la calle. Y esto no es algo irreal sino que hoy en día hay miles de personas en numerosas ciudades que viven en la calle en Alemania, Italia, Francia, España… Y vivir en la calle no está exento de dificultades: el ayuntamiento y la policía no quieren que estés allí; aunque acudas a un albergue durante la noche, durante el día no tienes más remedio que luchar contra las inclemencias del tiempo…

El reto que nos propone Michael es evitar que lleguemos a esta situación, objetivo muy fácil de alcanzar si nos damos cuenta de que lo importante es el colegio, la educación. Y es importante porque hay una gran cantidad de jóvenes sin trabajo, y encontrarlo no es sencillo, pero sí necesario. Sin embargo hay muchos jóvenes hoy en día que no entienden la importancia de la formación y se dedican al consumo de drogas, alcohol, tabaco… que les impiden concentrarse en el estudio.

Y ese no es el camino, ya que la vida no va a ser fácil y muchas veces los que lo pasan peor no son los que no tienen nada, sino aquellos que tenían pero que lo pierden todo. Sin ir más lejos, el propio Michael es hijo de un médico y ahora se encuentra en la circunstancia en la que se encuentra. Como conclusión, no debemos pensar que la calidad de vida de la que disfrutamos actualmente va a durar eternamente. Tampoco debemos ver a los que no la disfrutan como unos desgraciados. Simplemente tenemos que pensar en ellos como una muestra de que también nosotros podemos llegar algún día a estar en esa situación, respetarlos y no olvidarnos de qué es lo importante en la vida para no dejarnos llevar y acabar en situaciones que podríamos haber evitado.”

Mi agradecimiento a Iñigo, el profesor de religión que intenta llevar la realidad social a sus clases con testimonios vivos, y por su dedicación hacia los más necesitados de Santiago.

Manuel Garcia Souto