Qué bonito, Señor, qué bonito… Cómo te reconoce el corazón del discípulo amado, Juan. Aún a distancia, su corazón vibra por Ti. Y cómo, al compartir su experiencia, al ser testigo, llena también de fuego el corazón de los que tiene al lado. Como el de Pedro que, entusiasmado ante la noticia, se lanza con todo su ser para ir a tu encuentro. Ojalá nosotros también nos dejemos inflamar el corazón por el Amor del Señor y vayamos prendiendo a nuestro alrededor pequeñas o grandes llamitas.

Coro Misión PaísEs el Señor https://youtu.be/TCiXZpWrHNM

Elena Fernández Andrés · https://twitter.com/poverellacm

 

Hemos vivido en cuarentena una parte de la Cuaresma, la Semana Santa y ahora empezamos el camino de la Pascua. En el «pico» del Coronavirus -en plena marea negra- ha nacido en Zaragoza nuestro nieto Mateo, hijo del buen Dios que sigue creyendo en el hombre. Continuamos en este tiempo tan especial, insólito…

Ahora, esta semana de la octava de Pascua nos acerca a los discípulos de Jesús, a sus vivencias. También ellos habían vivido algo que no podían interiorizar tan fácilmente. Su Señor había muerto en Cruz, lo habían sepultado y ahora algunos decían que el sepulcro estaba vacío, que el Señor había resucitado. Recordaban que Él lo había predicho. Y se iba apareciendo a unos y a otros, dando signos y señales de que estaba vivo. Además, algunas mujeres lo confirmaban. Él anunciaba que lo verían en Galilea.

Hemos vivido un Triduo Pascual en que ha desaparecido todo lo accesorio y nos hemos quedado solo con Jesucristo. Hemos visto al Papa Francisco celebrando en la Basílica de San Pedro sin fieles presentes. Sin embargo, había una multitud universal unida a Él, a la cabeza visible. Ahora estamos caminando sorprendidos, escépticos, como los de Emaús. Desconcertados, quizás, seguimos sorprendidos por lo vivido y se nos va poniendo el corazón ardiente por la Resurrección. ¡Está vivo, ha resucitado, tal y como Él había dicho! Intentamos estrechar la relación de unos con otros. Aquí y ahora lo hacemos a través de las redes sociales y los medios de comunicación. ¿Y allí? ¿Cómo se irían reuniendo en Galilea? ¿Cómo iban corriendo las noticias (mejor dicho, la Noticia)?

Por toda la Tierra se proclama que Cristo está vivo y es el Señor. Y esta verdad despierta en nosotros una vida nueva que tiene sus raíces en la Fe, la Esperanza y el Amor. Somos el Pueblo de la Pascua.

Os proponemos un ejercicio: leed los Evangelios y buscad en ellos la palabra ESPERANZA. No la encontraréis. Esta virtud nace de la Resurrección. Por eso, los Hechos de los Apóstoles, las Cartas… están llenas de esta palabra. La Esperanza no defrauda, porque ¡Cristo ha resucitado de entre los muertos!

Montse de Javier · Comunidade Caná