«Jesús les dijo a los Doce: ¿También vosotros queréis marcharos?»

¿También nosotros vamos a dejar solo a Jesús? ¿También vamos a abandonarle? A lo mejor pensamos que no, que somos cristianos fieles. Pero la verdad es que dejamos a Jesús cuando conscientemente nos preferimos a nosotros mismos y nuestros criterios antes que a lo que Él nos invita a vivir. Señor que, como María, nuestra vida sea un constante decirte: ¡Hágase en mí según tu voluntad! Queremos decir “sí” al querer de tu Corazón para nosotros.

Celinés Hágase en mí  https://youtu.be/Ce5uYH0umIE

Elena Fernández Andrés · https://twitter.com/poverellacm

 

«En el principio de la Iglesia -nos escribe hoy Chus, como vemos en los Hechos de los Apóstoles, al bautismo en el Espíritu le acompañaban siempre dos indicios: alabar a Dios y hablar en lenguas. Si faltaba alguno de los dos quedaba duda de que aquella persona hubiera recibido el Espíritu Santo. Lo de alabar a Dios parece más normal. Todos tenemos la experiencia de que en momentos especiales se produce la necesidad de dar gracias, reconocer, agradecer hasta con gestos y júbilo. La extrañeza nos viene con el hablar en lenguas. ¿A qué viene el hablar en lenguas? ¿Qué relación tiene este hecho con el Espíritu Santo?

Hay una cosa que llaman glosolalia, que consiste en pronunciar sonidos o palabras inventadas, sin significado, que no guardan ni sintaxis ni concepto, mediante las cuales se expresa un individuo como podía hacer un niño o un drogado en trance. Esta forma no conceptual de hablar se la dio el Espíritu el día de Pentecostés a los apóstoles. Os animo a pedir este don de oración al Espíritu Santo. No es ninguna broma, ni cosa de locos y extraños, ni está totalmente de más. Esto solo lo puede decir quien no lo conozca. Algo de esto me sucedió a mí que hablé mal de ello y lo di durante un tiempo por superfluo hasta que me fue regalado y he ido entrando poco a poco en su misterio. Porque tiene su misterio. Actualmente es la forma de oración que más uso y en la que encuentro máxima intimidad. Lo sobrenatural nos supera y su captación intelectual es mínima, mientras que el deseo, el afecto y la nostalgia de lo divino pueden ser muy grandes. Los gemidos y gritos y suspiros no conceptuales son muy necesarios en determinados momentos.
Digo que hay que pedirlo porque está totalmente fuera del circuito cognoscitivo y afectivo humano. Para que sea oración tiene que serte dado por el Espíritu Santo. Antes de tener experiencia, no lo echas de menos ni lo pides ya que es algo que la vida normal no requiere y le cuesta a uno tomárselo en serio aunque te hable una persona experimentada y de fiar. Cuando vas conociendo al Espíritu Santo, te va extrañando menos esto y otras cosas porque vas viendo que juega mucho a despistar para que viendo no veas y oyendo no entiendas… hasta que tu corazón se vaya pareciendo al de los niños. Al principio creí que este don solo se daba entre los carismáticos, pero ahora ya sé que no. Conozco unas cuantas personas, sobre todo en conventos contemplativos, que lo tienen, sin saber nada de los carismáticos.
Quien quiera tener intimidad (y subrayo la palabra: quien quiera tener intimidad en la oración) necesita este don que, como dice San Pablo, sale del espíritu humano… El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio con gemidos inefables de que somos hijos de Dios (Rm 8, 16. 26). El discurso racional no es la mejor forma de unirse con el Dios inefable. Nuestro espíritu es la única puerta de salida que tenemos para salir de la materialidad y eso solo puede suceder cuando es activado o llamado desde arriba, desde la acción de Dios».

Javier de Montse · Comunidade Caná