¿Halloween? Los cristianos celebramos la vida

Vivimos en una sociedad global y, quizás, lo más global de todo son las películas, series y demás contenidos que nos tragamos cuando nos sentamos delante de la televisión o cuando ahorramos lo suficiente para ir al cine. Un buen porcentaje de esos contenidos proceden de los EE.UU. y con ellos nos llega muchísimo de su cultura. Una parte no desdeñable de esa cultura que vamos asimilando es todo lo que tiene que ver con sus tradiciones y fiestas, como la que hoy nos ocupa: Halloween. No lo vamos a negar: Halloween es una fiesta que nos atrae. Disfraces, chucherías, fiestas… ¿a quién no le gustan esas cosas? Así que no hemos dudado en apropiárnosla. Es más, aprovechando el origen celta de la fiesta por estos lares la usamos además para reivindicar nuestra propia historia y, así, resucitamos el Samaín. Aunque, en general, se celebre “a la americana” , pero lo sentimos como más nuestro si le llamamos Samaín.

Pero la pregunta que se plantea no es sobre el origen o sobre las raíces del Samaín. No soy yo quién para hacer historia. La cuestión es otra: ¿puede un cristiano celebrar Halloween? Aparentemente no es más que una fiesta de disfraces totalmente inocente, ¿por qué no? Incluso alguno diría que es una forma de evangelizar (y esto no me lo estoy inventando). Así que… ¿puede un cristiano celebrar Halloween?

La respuesta no es fácil. Una situación similar se le planteó a Pablo en Corinto. ¿Era lícito comer carne sacrificada a los ídolos? Al fin y al cabo, si los ídolos “son mentira”, ¿no sería como comer cualquier otra carne? La respuesta de Pablo es una solución de compromiso, práctica, que comienza con: «Todo es lícito, pero no todo es conveniente; todo es lícito, pero no todo edifica» (1Co 10,23) y continua diciendo que es mejor no participar de los banquetes idolátricos.

Lo mismo aquí. Aunque aparentemente inofensiva — al fin y al cabo no vamos a hacer rituales satánicos, sólo vamos a disfrazarnos y, quizás, beber un poco más de la cuenta —, Halloween no deja de ser una tradición pagana. Pasada por un cierto tamiz cristiano, es cierto, al menos en su nombre, pero una tradición pagana al fin y al cabo. Participar conscientemente de ello puede llevar a confusión a nuestros hermanos y puede difuminar nuestro testimonio. Y no estamos como para difuminar nada, las cosas como son.

Y luego hay otra cosa: el cristianismo es una religión que celebra la vida, y la Vida, con V mayúscula. Precisamente el 1 de Noviembre celebramos a Todos los Santos, a aquellos (conocidos y desconocidos) que ya gozan de la vida eterna en el Reino de los Cielos. ¿Cómo vamos a celebrar la muerte? Es más, para celebrar a nuestros difuntos ya tenemos la Conmemoración de todos los Fieles Difuntos, el día 2, con la mirada siempre puesta en la Vida con mayúsculas, mirando más allá de la muerte.

Debemos ser firmes en nuestras creencias y evitar dar cualquier motivo de duda, a nosotros mismos y a los demás. Si somos luz del mundo, debemos comportarnos como tal (Flp 5,8) y ser conscientes de las cosas que dejamos entrar en nuestra vida, en nuestras casas. Y si, a través de las cosas aparentemente más inofensivas, dejamos que se apague esa luz, no estamos cuidando nuestra fe, ni nuestra vida de cristiano. Es más, estamos contribuyendo a que a la larga se fomenten valores totalmente contrarios.

Ricardo Sanjurjo Otero
Sacerdote