• Ante la Jornada de la Vida Consagrada, la Iglesia Diocesana de Santiago felicita a la religiosa y agradece al Señor su entrega

Mañana, fiesta de la Presentación del Señor, se celebra la Jornada de la Vida Consagrada, un día con el que la Iglesia pretende dar a conocer y valorar cada vez más el testimonio de quienes han elegido seguir a Cristo de cerca y dedicar su vida a Él. Un maravilloso ejemplo de ese seguimiento es el de la hermana Ángeles, de la comunidad cisterciense del Monasterio de Armenteira, quien el pasado día 1 de enero cumplía 100 años de edad y 86 de vida consagrada. “Es un referente para todas nosotras”, confiesa la hermana Carmen desde el monasterio situado en la hermosa comarca del Salnés. La Iglesia Diocesana de Santiago de Compostela aprovecha la fiesta de la Presentación del Señor, la Jornada de la Vida Consagrada, para felicitar a la hermana Ángeles por su vida entregada y para agradecer al Señor el ejemplo de su vida en comunidad.

“Es una mujer sencilla, que desde los catorce años ha estado en la comunidad cisterciense”, explica la hermana Carmen. Natural de Burgos, ingresó en el Monasterio de Alloz, en Navarra, desde el que las monjas cistercienses llegaron a Armenteira para fundar en nuestra diócesis. “Ha trabajado siempre desde el servicio, siempre sonriente, entregada, generosa”, relata la hermana Carmen.

A lo largo de su vida monástica, la hermana Ángeles -“que tiene la misma lucidez mental que usted y que yo”, precisa la hermana Carmen-, desempeñó diversas tareas, desde ser “maestra de novicias” a trabajar en la huerta. Ahora anda preocupada “en no dar trabajo”, como indica la hermana Carmen. “No quiero daros trabajo, ni daros guerra”, les dice a sus hermanas de comunidad.

“Siempre ha sido de trato fácil”, indica la hermana Carmen. “No nos cabe duda de que es una mujer de Dios, una mujer que no tiene miedo de la muerte, porque, como ella dice, siente con certeza la cercanía de Dios, la seguridad de que Dios es Padre”.