III Martes de Cuaresma: el sacrificio verdadero

“Tu cruz es ahora fuente de todas las bendiciones y origen de todas las gracias: por ella los creyentes encuentran fuerza en la debilidad, gloria en el oprobio, vida en la misma muerte. Ahora, al cesar la multiplicidad de los sacrificios carnales, la sola ofrenda de tu cuerpo y sangre lleva a realidad todos los antiguos sacrificios, porque tú eres el verdadero Cordero de Dios que quita el pecado del mundo; de esta forma en ti encuentran su plenitud todas las antiguas figuras y así como un solo sacrificio suple todas las antiguas víctimas.”  (San León Magno).

III MARTES DE CUARESMA: EL SACRIFICIO VERDADERO

El Agnus Dei de Zurbarán nos representa bien la ofrenda del sacrificio de Cristo, superior a todas ofrendas de la Antigua Alianza, por el que se borran los pecados.

Texto bíblico: “Ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados. En este momento no tenemos ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia. Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados”.

Francisco cita en la Bula al profeta Miqueas: “Tú, oh Señor, eres un Dios que cancelas la iniquidad y perdonas el pecado, que no mantienes para siempre tu cólera, pues amas la misericordia. Tú, Señor, volverás a compadecerte de nosotros y a tener piedad de tu pueblo. Destruirás nuestras culpas y arrojarás en el fondo del mar todos nuestros pecados (cfr 7,18-19) (MV 17).

Pensamiento: El pueblo de Dios en el exilio acierta a comprender lo que agrada al Señor cuando reconoce que “el sacrificio agradable es un espíritu quebrantado, un corazón quebrantado y humillado”.

ORACIÓN

Señor, “Tú no quisiste sacrificios ni ofrendas, pero me formaste un cuerpo; no aceptaste holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije: He aquí que vengo —pues así está escrito en el comienzo del libro acerca de mí— para hacer, ¡oh Dios!, tu voluntad” (Hbr 10, 6-7).

PROPUESTA

No intentes justificarte a ti mismo, Dios ve el corazón, a Él le agrada el corazón humilde.

Ángel Moreno