III Miércoles de Cuaresma: la Ley del Señor

“Pues, para nosotros, el temor de Dios reside todo él en el amor, y su contenido es el ejercicio de la perfecta caridad: obedecer a sus consejos, atenerse a sus mandatos y confiar en sus promesas. Oigamos, pues, a la Escritura que dice: Ahora, Israel, ¿qué es lo que te exige el Señor, tu Dios? Que temas al Señor, tu Dios, que sigas sus caminos y lo ames, que guardes sus preceptos con todo el corazón y con toda el alma, para tu bien.” (San Hilario)

III MIÉRCOLES DE CUARESMA: LA LEY DEL SEÑOR

Moisés con las tablas de la ley representa la revelación de la voluntad de Dios y el camino que conduce a la libertad mayor.

Texto bíblico: “Moisés habló al pueblo, diciendo: -«Ahora, Israel, escucha los mandatos y decretos que yo os mando cumplir. Así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor, Dios de vuestros padres, os va a dar” (Dt 4, 1).

Cómo se agradece la exegesis que hace el papa Francisco en la Bula: “En la Biblia, muchas veces se hace referencia a la justicia divina y a Dios como juez. Generalmente es entendida como la observación integral de la ley y como el comportamiento de todo buen israelita conforme a los mandamientos dados por Dios. Esta visión, sin embargo, ha conducido no pocas veces a caer en el legalismo, falsificando su sentido originario y oscureciendo el profundo valor que la justicia tiene. Para superar la perspectiva legalista, sería necesario recordar que en la Sagrada Escritura la justicia es concebida esencialmente como un abandonarse confiado en la voluntad de Dios” (MV 20).

Pensamiento: ¡Que distinto es interpretar los mandatos del Señor como ley de recibirlos como revelación del camino recto, en el que no faltará su ayuda para seguirlo!

ORACIÓN

La ley del Señor es perfecta y es descanso del alma; el precepto del Señor es fiel e instruye a los ignorantes. Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón; la norma del Señor es límpida y da luz a los ojos (Sal 18, 8-9).

PROPUESTA

“Escucha los preceptos del Maestro, y préstales el oído de tu corazón” (San Benito).

Ángel Moreno