Intervención de mons. Barrio en Cope: 21 de junio de 2019

 

Este próximo domingo sacaremos a nuestras plazas y a nuestras calles esas joyas de orfebrería que son las custodias portando a Jesús sacramentado. No es una mera manifestación de nuestra riqueza patrimonial. No, el Corpus Christi es el misterio de nuestra fe, y los católicos manifestamos que no vivimos alejados de la realidad ni apartados de la sociedad. Si procesionamos con Jesús Eucaristía es para mostrar nuestro profundo compromiso con las personas en el hoy y el ahora que nos toca vivir.

La solemnidad del Corpus Christi nos recuerda claramente que la Iglesia católica no está anclada en posturas espiritualistas o desencarnadas. ¡Cómo podría estarlo, si Cristo Jesús, el Verbo, hecho carne en el glorioso misterio de su encarnación, se hizo en todo semejante a nosotros menos en el pecado! El Día de la Caridad va unido esencialmente a esta solemnidad. No podría ser de otra manera: la Eucaristía es el centro de la vida eclesial, siendo la respuesta para los que se sienten solos, agobiados, sedientos de la salvación en su cuerpo y en su espíritu.

Sacamos en procesión al Santísimo Sacramento para decir que los católicos debemos ser, queremos ser, las manos y la mirada, la voz y la alegría del propio Cristo, cuidando de los desamparados, de los excluidos, de los desplazados, de los enfermos, y de los pobres.

La solemnidad del Corpus Christi es, en este sentido, una especie de examen de fin de curso para evaluarnos cada uno de nosotros en aquella asignatura evangélica que San Mateo nos propone en su Evangelio, al indicarnos cómo será el juicio final: “Venid, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me distéis de comer…” (Mt 25, 34). La procesión con el Santísimo, adorando y contemplando la presencia sacramental del Cristo, es imagen de la peregrinación a la Casa del Padre en la que Él nos acompaña real y verdaderamente. “Pongamos en marcha nuestro compromiso para mejorar el mundo”, viviendo la fraternidad y dando cabida a los demás no sólo en nuestra mente sino sobre todo en nuestro corazón.