IV Miércoles de Cuaresma: la oración

“La oración es la luz del alma, el verdadero conocimiento de Dios, la mediadora entre Dios y los hombres. Hace que el alma se eleve hasta el cielo, que abrace a Dios con inefables abrazos apeteciendo, igual que el niño que llora y llama a su madre, la divina leche: expone sus propios deseos y recibe dones mejores que toda la naturaleza visible” (San Juan Crisóstomo”.

IV MIÉRCOLES DE CUARESMA: LA ORACIÓN

El icono de la Madre de Dios nos muestra la ternura de María con su Hijo, y en ella se nos muestra el amor que Dios nos tiene, como un padre que siente ternura por sus hijos, como una madre que da de mamar a su pequeño.

Texto bíblico: Sión decía: “Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado.” ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.» (Isa 49, 15)

Francisco nos deja ver su sensibilidad, cunado escribe: “Pienso en la fe firme de esas madres al pie del lecho del hijo enfermo que se aferran a un rosario aunque no sepan hilvanar las proposiciones del Credo, o en tanta carga de esperanza derramada en una vela que se enciende en un humilde hogar para pedir ayuda a María, o en esas miradas de amor entrañable al Cristo crucificado. Quien ama al santo Pueblo fiel de Dios no puede ver estas acciones sólo como una búsqueda  natural de la divinidad. Son la manifestación de una vida teologal animada por la acción del Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones (cf. Rm 5,5).  (EG 125)

Pensamiento: El amor de Dios es misericordioso, es entrañable, amor de padre y de madre, amor compasivo, que se conmueve ante la debilidad del ser humano que lo invoca.

ORACIÓN

“Mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros. No pretende grandezas que superan mi capacidad, sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre” (Sal 130).

PROPUESTA

Reza con la confianza de un niño, échate en brazos de Dios, como quien sabe que es padre y madre, y sabe dar cosas buenas a quienes le suplican.

Ángel Moreno