La editorial EUNSA acaba de publicar un libro con el título “De prisionero republicano a capellán insurgente”, edición a cargo de Francisco J. Leira-Castiñeira.

El núcleo del volumen, y lo que me parece tiene más interés en la medida que justifica esta edición, son dos escritos a modo de autobiografía del franciscano Fr. Cándido Rial Moreira, nacido en Vimiazo (La Coruña) el 31 de mayo de 1910 y fallecido en Santiago de Compostela en 1999. El primero se titula “Mi calvario madrileño de 1936”. Pese a ser de la provincia franciscana de Santiago, durante gran parte de su vida Fray Cándido estuvo destinado en la madrileña Basílica de San Francisco el Grande.

Organista destacado dentro de la Congregación, fue en esa Iglesia en la que le tocó vivir los episodios relacionados con el alzamiento nacional, la sublevación de las tropas insurgentes que dicen algunos, y el proceso posterior que narra en sus detalladas memorias de este período.

Nada más producirse el alzamiento estuvo varios días viviendo en el sótano del convento hasta que pudo escapar, mientras los hermanos de su comunidad eran detenidos. Le apresaron en la calle y le condujeron al denominado cuartel de la Pasionaria, Colegio Público Concepción Arenal, por tanto, bajo disciplina comunista y no anarquista. Allí estuvo detenido con cuatro Hermanos de las Escuelas Cristianas que fueron posteriormente ejecutados en la pradera de san Isidro el 1 de agosto de 1936.

Sin embargo a Fray Cándido le indultaron y le integraron en la milicia. Durante varios meses participó en labores de control de coches en el sur de Madrid, como uno más, hasta que, destinado el frente, se escapó al otro bando. A partir de ahí relata el proceso de encarcelamiento, destinos militares ya como capellán en Marruecos y su vuelta a la comunidad de san Francisco el Grande.

No sé si esta historia es tan singular como única. Un religioso que no sabe por qué es indultado, se integra en la milicia y, cuando puede, se escapa. En las memorias habla de un “curita” que también estuvo en un grupo de milicianos y que al terminar la guerra se integró en su parroquia madrileña.

Las memorias son un documento de interés para analizar algunos aspectos de la persecución religiosa y del clima social con la Iglesia y los sacerdotes.

En el libro también nos encontramos con una presentación del provincial franciscano de Santiago, Fr. Juan Manuel Buján García y un par de estudios del responsable de la edición, el historiador Francisco J. Leira-Castiñeira. Estudios ambos que pueden dar mucho juego para el debate entre especialistas, no solo por algunas afirmaciones que hace sino por el predominio bibliográfico que utiliza de determinada, denominémosla, corriente historiográfica en detrimento de alguna otra. Se me ocurre la de los miembros del Instituto de Estudios Históricos del CEU.

Sin duda lo más interesante es el testimonio del religioso franciscano. Un testamento que convendría que los empeñados en volver a escribir la historia, en falsearla, en ocultar hechos, en “ideologizarla”, al fin y al cabo, debieran tener en cuenta.

Francisco Serrano Oceja
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