La demanda de medicamentos se dispara en Cáritas con el verano

Con cada llegada del verano se repite una tónica general. Repunta el número de transeúntes y las ayudas desde las distintas asociaciones tienden a incrementar. Un número de solicitudes que, tal y como explican desde Cáritas Interparroquial de Arousa, crece paulatinamente en el comedor y en el ropero pero da un paso de gigante en medicamentos. «Es la solicitud que más crece», afirma Francisco Fernández, presidente de la organización de la iglesia católica en Vilagarcía. Un reclamo que ya se triplicó en 2015 y que incluye desde medicamentos hasta otros artículos de farmacia como pañales o productos ortopédicos. «A pesar de este importante incremento el año pasado, vuelve a verse un aumento de la demanda», señala Fernández.

Encontrar motivos que expliquen este crecimiento les parece fácil. El aumento de personas con enfermedades crónicas, por un lado, y la retirada de la Seguridad Social de medicamentos como los jarabes para la tos, analgésicos y antitérmicos como el Dalsy (muy demandado por los padres), o expectorantes como Flumil y Pectos. La cremas, explican, también están muy solicitadas por las personas que acuden a la organización; 340 en el primer trimestre de este año. 109 solicitaron productos de farmacia, mientras que el resto necesitó alimentación, ropa o ayudas para afrontar otros gastos como el pago del alquiler, de la electricidad o del butano. Unas cifras que, en estos casos, son muy similares a las del 2015.

Por ingresos, el perfil del participante que predomina es el de personas que cobran las pensión no contributiva. Le siguen las que no tienen ingresos y las que perciben la Renta de Integración Social de Galicia (Risga).

Campos de trabajo

Con el objetivo de echar una mano a los trabajadores y voluntarios de Cáritas, cada año llega a Vilagarcía algún grupo de jóvenes que se instala en la casa que la organización tiene en San Cibrán y en la que viven en la actualidad siete personas con circunstancias distintas. Tras la marcha de un grupo de Palencia, ahora se instalaron, junto a los residentes habituales, nueve jóvenes, de entre 16 y 19 años, y 3 monitores. Pertenecientes al Club de Voluntariado Xuvenil de Santiago, se dividieron en grupos para rotarse una tareas que van desde los trabajos en la huerta y el invernadero de la casa hasta las que se desempeñan en el Centro de Día: comedor normal y sobre ruedas, lavandería y ropero. «Recogimos ya 1.000 kilos de patatas y plantamos 600 lechugas», explican los que ya hicieron sus ocho horas diarias de trabajo en San Cibrán.

«Es importante ver cómo funcionan las distintas organizaciones», afirma Clara Torres. «Ves que hay todo tipo de circunstancias a tu alrededor. Nos permite conocer otras vidas y ver que no todo es tan lejano como puede parecer a veces», añade María Creus. Al igual que su compañero Iago De Larriaga, aplauden iniciativas como el proyecto Arrumí, que les está permitiendo conocer el poblado gitano de la mano de una educadora social.
El comedor mantienen una afluencia similar al servirse 60 platos al mediodía

El servicio de comedor, el más solicitado a diario por las personas que acuden a Cáritas, crece mucho más paulatinamente que la petición de compra de medicamentos. En la actualidad, la organización sirve alrededor de 20 desayunos, 60 almuerzos y entre 35 y 40 cenas; una ayuda disponible los 365 días del año.

Para ello, cada parroquia de la comarca tiene un grupo de voluntarios que sustituye los domingos a la cocinera de la organización, con el fin de que nunca quede inoperativo. Ayer, por ejemplo, se encargaron de los fogones unas vecinas de Catoira, que repartieron también comida fría para la noche. La organización dispone, además, de un servicio de comida sobre ruedas gracias a los voluntarios que recorren 40 kilómetros para dejar la comida en once casas.

Fuente: La Voz de Galicia
Foto: Martina Miser