La Virgen Peregrina de Fátima, en la parroquia de S. Cayetano

Los días 17 y 18 tuvimos la alegría de estar, en cierto modo, en Fátima lugar de las apariciones. Recibimos el mensaje de María de la devoción a su inmaculado corazón y la llamada a la penitencia.

La esperamos  con guitarras y canciones. Se paseó por la acera llevada en andas por mujeres devotas, hasta pararse en el atrio de la iglesia.

Allí recibió más canciones con el cariño de  un buen grupo de personas y la curiosidad de los transeúntes.

Fue muy emotivo el acto para enfermos. No solo se presentó un buen número, incluso en sillas de ruedas, sino que hubo mucha emoción, especialmente cuando recibieron la  bendición personal con el Sº Sacramento en la custodia.

Se les recordó la importancia y sentido salvífico del dolor que puede redimir muchos pecados. A los enfermos acudía el papa Juan Pablo II, para pedirles la ayuda de sus dolores,  cuando salía a sus  muchos viajes por el mundo.

Los matrimonios escucharon unas ideas sobre la importancia de la familia y sobre la trasmisión de la fe y de las virtudes humanas  a los hijos.

El Camino neocatecumenal se responsabilizó de la Misa de  8 de la tarde a la que también asistieron inmigrantes y otros.

En una iglesia  abarrotada,  se escuchó de nuevo el mensaje de Fátima sobre la oración y la penitencia y la devoción  al Corazón Inmaculado de María.

Luego hubo adoración,  guiada por la Adoración nocturna,  hasta las 11 de la noche.

Todos, en los distintos actos pasaban  a besar  las estampas que colgaban de las cintas que venían de las manos de la imagen.

Pasaron niños y mayores, una chica católica coreana y una abuela con unos perros que también se los enseñó a la Virgen.

Se repartieron folletos y estampas de Fátima que desaparecieron en pocos minutos.

La despedida fue sencilla pero no faltaron los cantos y los pañuelos del adios.

Hay un proyecto de dejar una placa en la iglesia que nos recuerde esta  visita de la Virgen de Fátima.

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Fuente: Parroquia San Cayetano