La Xunta y el Arzobispado llaman a aprovechar la «verdadera esencia» del Año Santo y su carácter espiritual

  • La Xunta y el Arzobispado de Santiago se han tendido la mano este jueves para sumar esfuerzos y aprovechar el próximo Año Santo para recuperar su «verdadera esencia» y su carácter espiritual. Así lo han escenificado con motivo de la inauguración de la VIII edición del Congreso de Acogida Cristiana en los Caminos de Santiago, con la presencia del propio monseñor Julián Barrio, el deán de la Catedral, Segundo Pérez, y el vicepresidente del Ejecutivo autonómico, Alfonso Rueda.

La Xunta y el Arzobispado de Santiago se han tendido la mano este jueves para sumar esfuerzos y aprovechar el próximo Año Santo para recuperar su «verdadera esencia» y su carácter espiritual. Así lo han escenificado con motivo de la inauguración de la VIII edición del Congreso de Acogida Cristiana en los Caminos de Santiago, con la presencia del propio monseñor Julián Barrio, el deán de la Catedral, Segundo Pérez, y el vicepresidente del Ejecutivo autonómico, Alfonso Rueda.

Rueda ha asegurado que el Gobierno gallego se está preparando «con intensidad» y ha apelado a la importancia de «saber adaptarse» a las circunstancias, y asume su papel para darle un impulso «sin perder su espíritu ni esencia», sino dignificar y colaborar con la Iglesia para «aprovechar la gran oportunidad» de la que ya se llama la ‘década Xacobea’.

Una colaboración que, ha asegurado, se intensificará para aprovechar los elementos que convertirán el próximo Año Santo en algo «más grande» todavía a pesar de este contexto difícil marcado por la COVID-19, en el que no se puede «bajar los brazos».

En este sentido, la perspectiva de la Iglesia y su «verdadera esencia» se puede celebrar «exactamente igual», mientras se adapta «todo lo que lo rodea» y el calendario de actividades a la realidad actual. «Nos estamos preparando para que este sea un Año memorable», ha insistido Rueda, para asegurar que la gente «estça «acumulando muchísimas ganas de venir a Santiago y ser peregrinos».

Barrio, por su parte, agradeció la «disponibilidad y generosidad» del titular autonómico y la cooperación «beneficiosa» mantenida con las instituciones públicas. También ha recordado que el Año Santo «no es un acto más ni un congreso más», sino que tiene una entidad «propia» y que, a pesar de que arranque el próximo 31 de diciembre, después «Dios proveerá», en alusión a una hipotética extensión.

«Tenemos claro a donde tenemos que ir, pero no tenemos claro la forma en que tenemos que hacer el recorrido», ha señalado, para apelar a trabajar «día a día» e ir afrontando la evolución de los acontecimientos. «HOSPITAL DE CAMPAÑA»

En su conferencia inaugural, monseñor Barrio ha apelado a la situación de crisis provocada por la pandemia para insistir en que, «más que nunca», este Año Santo la Iglesia debe «ser ese hospital de campaña» señalado por el Papa Francisco, «para remediar la penuria de quienes más están siendo golpeados por la crisis social, y también para seguir promoviendo una cultura de la responsabilidad abierta a la trascendencia, esto es, una ecología integral».

«En medio del coronavirus, ante todo, es necesario poner sensatez en nuestros discursos y no dejarnos cegar por la inmediatez de una situación que no es, ni mucho menos, ni la primera ni será la última vez que sucede. Pero hemos de tener cuidado en que la pandemia no se lleve consigo, junto con tantas vidas y la confianza en las relaciones humanas, también nuestra capacidad de pensar racionalmente. Y este pensar racional hemos de salvarlo como personas creyentes, evitando histerias teológicas que, en última instancia, nos muestran un rostro deformado de Dios».

En opinión de monseñor Barrio, «es verdad que con todo el sufrimiento que nos rodea, no sólo físico sino también espiritual psicológico, puede verse como insignificante el problema de cómo afrontar nuestra celebración, vital y pastoral», del o, pero es algo que se debe tener en cuenta al no saber «en qué tiempos ni en qué modos» se podrá recuperar una vida «que probablemente no podrá ser nunca igual».

 

Fuente: La Vanguardia