“¡Mamá!, no bebas más; ¡ya sabes lo que pasa! (1/3)

José, era un señor de unos sesenta años, lo conocí en la prisión, y quizás porque era de un lugar cercano al que yo nací, la cuestión es que pronto hicimos muy buena amistad. Era hombre de fácil conversación, conquistador y un poco aventurero.

Desde que nos hicimos amigos siempre frecuentaba la capilla, más que nada para hablar, y poco a poco me fue contando su vida. Tenía una pena larga por haber atentado contra la salud pública; lo cual siempre me chocó bastante, porque quien lo viera, la imagen que daba era la de un “paisano” de pueblo, hombre sencillo y con esa “chispa” de gustarle buscar cosas nuevas, “no vendía una imagen de narcotraficante” y pronto se hacía cábalas para montar un negocio, -algo así como el cuento de la lechera-, en este sentido lo califico de “aventurero”, otros, a lo mejor , lo llamarían incauto, quizás un poco extrovertido; pero a la vez muy “pillo”, no se fiaba de todos, quería saber en quien poder confiar.

Recuerdo las veces que me habló de su madre y de la devoción a la Virgen María. Un día me vino con el cuento, o eso creía yo, de que tenía un manto para una imagen de la Virgen que le había costado más de 3.000 €, y que si yo sabía de una Iglesia que lo necesitara, que se lo dijera, para regalárselo, y así lo hicimos. Fue deseo de su madre, y él se empeño en cumplir ese deseo en el momento en que pudo económicamente. Más adelante me enteré de que ese deseo existió realmente y José lo había cumplido, compró un manto a la Virgen de su pueblo; pero, un día, su mujer se lo pidió al cura, -quería que se lo devolvieran-   de ahí la rapidez en buscar otra imagen para el “dichoso manto”. (continuará ……)

Manuel Garcia Souto. Capellán C.P. Teixeiro