«En verdad, en verdad os digo: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aun mayores, porque yo me voy al Padre. Y lo que pidáis en mi nombre, yo lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré».

Qué bonita promesa: si le pedimos en su nombre, Él lo hará. Claro, no cualquier cosa. Hará lo que glorifique al Padre. ¿Lo que le pido es para que la Gloria de Dios brille en mí y en la vida de los demás? Si es así, pidamos con confianza. Hoy, en su día, en su mes, con la confianza de nuestra Madre.

Coro del Seminario Diocesano de TijuanaMaría, Madre de confianza  https://youtu.be/GB8XbcEH0Lc

Elena Fernández Andrés · https://twitter.com/poverellacm

 

El miedo a Dios es el temor de los temores; el peor de todos, ese del que derivan todos los demás. Y es hijo de una falta de confianza. El pecado original no describe la simple transgresión de una prohibición, sino la deformación del rostro de Dios. El Engañador nos susurra: es verdad que os ha dado mil árboles, pero os ha negado el mejor; no os fiéis. Adán y Eva creen en esta imagen invertida de Dios; un Dios que quita y no un Dios que da; un Dios que roba la libertad, en lugar de ofrecer posibilidades; un Dios a quien le importa más su ley que la felicidad de sus hijos; un Dios de una mirada justiciera, del que se ha de huir en lugar de ir a su encuentro; un Dios del que no podemos fiarnos.

«Equivocarnos sobre Dios es lo peor que nos puede suceder, porque después nos equivocamos sobre todo: la historia, la humanidad, nosotros mismos, el bien y el mal, la vida…» (David Mª Turaldo). El primer pecado es un pecado contra la Fe. El miedo de los miedos nace de la imagen errónea de Dios. El corazón atemorizado de Adán desciende del rostro de un Dios temible. Jesús ha venido -¡ha tenido que venir!- para traernos la vida de Dios. ¿El hombre y la mujer no se han fiado de Dios? Pues bien, Dios se fiará de ellos. Se fiará hasta el punto de entregarse en sus manos: vulnerable, incapaz de todo, un bebé llorando… Se fía. Y la jovencita dice y aprende a ser Madre. Y José, el hombre justo, vence sus dudas y se fía, y se pone al servicio de aquellos dos, con sus manos y sus sueños. El hilo que remienda el desgarro en la trama de amor entre Dios y tú o yo, se llama confianza. Lo que se opone al miedo no es el valor sino la Fe.

Montse de Javier · Comunidade Caná