Mi último vuelo

Me presento: soy Oswaldo, ahora tengo 60 años y estoy enterrado en el cementerio parroquial de Oza de los Rios.  Nací en la Argentina, y un día decidí viajar a España, quería solucionar unos problemas económicos que tenía la familia; al llegar a Barajas me detuvo la guardia civil porque llevaba unos cuantos kilos de coca en la maleta; el juez me condenó a siete años cárcel, y me llevaron a Teixeiro.

Allí conocí a dos voluntarias de la pastoral penitenciaria, la Hna. Milagros y Pacita, las dos ensayan el coro para los actos litúrgicos, aprendí un montón de canciones, pero sobre todo, me ayudaron a sobrellevar la pena de estar en prisión.

Al tercer año de prisión me diagnosticaron un cáncer de páncreas, la justicia me ofreció irme a mi país a terminar de cumplir la condena; pero, allí se necesitaba mucha plata para operarme, y me quedé en España. Cuando me ingresaron para la intervención, me acompañaron mis amigas las voluntarias, venían a verme al hospital, me animaban, me traían cosas…, muy bien. Estuve siempre en contacto con mi familia en la Argentina, pero nunca les comenté nada de mi enfermedad.

Cuando me dieron el alta, regresé a la cárcel, y lo celebramos con una pequeña fiesta en el ensayo del coro; cuando aún no había transcurrido un año y después de pasar por las revisiones pertinentes se me vuelve a reproducir el tumor, no había solución. La Hna. Milagros y Pacita, se movieron para que pudiera morir en mi tierra, y cuando ya tenía todos los papeles para marcharme y mi familia me esperaba en Argentina, con el billete sacado, me llevan al aeropuerto,  me despido de mis amigas las Hna. Milagros y Pacita, subo al avión, y poco antes de despejar, el comandante del vuelo, ordena que me bajen de la nave; la causa, el no ir escoltado ni llevar esposas en las manos, dada mi condición de preso.

A los dos día fallecía en el hospital de A Coruña, la prisión se hizo cargo del entierro y la pastoral celebró mi funeral, me dieron sepultura en un panteón de la parroquia de Oza, incluso me colocaron una placa con mi nombre, fecha de nacimiento y el día de mi muerte.

Algunas veces vienen a verme, me cuentan algunas cosas de nuestra vida en la cárcel y me dejan unas flores en el panteón.

Manuel García Souto
Responsable Pastoral Penitenciaria