Mirada al curso

La Cenicienta (la señora pesimista, la “Ceniza”, no la princesa “Disney” del zapatito) sostiene que el fracaso escolar no se corrige. Los “todólogos” no destacan por su originalidad: que si los políticos no paran de “enzoufar” la Educación con tantas reformas; que si no se apoya a los profesores, que si ellos tienen demasiadas vacaciones; que si las familias deshacen la tarea del colegio; etc., etc. Pero un nuevo curso sugiere muchas más reflexiones.

Haber sido alumno trae a la mente recuerdos e ideas:

1.- “López no vale para estudiar”. Así lo dijo él mismo. Acabaría el curso (8º de EGB entonces) y se pondría a buscar trabajo, ¡libre de libros, al fin! Algunos decían que era pereza. El caso es que no era capaz de aprobar. Y luego ha sido un buen mecánico. Peor lo tuvo otro alumno. En el Departamento de Psicología le dijeron que lo suyo no eran los libros; menos mal que se le ocurrió probar en Derecho: todo Matrículas.

2.- “El profe sabio”. Era un auténtico “crack”. Resolvía cualquier ejercicio en un santiamén. Además, ostentaba la mejor marca de suspensos del colegio. No había forma de comprender sus explicaciones: demasiado “elevadas”. Sólo nos rescató la pedagogía   llegó una desenfadada profesora: “Sentarvos, callarvos y estarvos quietos”. Vocacional.

3.- “La panda”. Había que tener cuidado con las compañías. Vaciles, deporte, tiempo libre de vuelta a casa, deberes, autobús… Cuando alguien ofrecía un “pitillo complicado”, las peores sospechas cobraban forma. Los padres más atentos, acertaban.

4.- “Los exámenes de la verdad”. Las temibles pruebas. Sólo pude afrontarlos debidamente gracias a una frase de solera familiar: “es preferible un burro sano a un sabio enfermo”. La repetía al apagar la luz después de estudiar duro y ante la incertidumbre de los resultados. Los profesores descubrían si copiábamos. Mejor saber.

5.- “Clase de Reli”. disfruté en esa asignatura. Incluso me ayudó a subir la media muchas veces. En ella, por primera vez, descubrí un dibujo de Jesús que luego convertí en póster para la habitación. Era muy especial tenerle allí, mirando; día y noche.

6.- “El Chus”. Un maestro con solera, al azar. De esos que enseñan a aprender, y aprenden cómo enseñar. En espíritu de libertad, ayudan a formar conciencias, espabilan la mente para que el alumno busque las respuestas, pensando; y “mastican” los libros para que no aplasten o encorseten al alumno con sus temarios infinitos y “de despacho”.

7.- “El festival”. Como alumno tímido lo pasé fatal las primeras veces que hube de participar. Como docente, me agarré a ellos como a un clavo ardiendo para destapar talentos que afloran con mayor dificultad en las aulas. Porque los grandes artistas no siempre fueron estudiantes modelo.

8.- “Un aro espetado”. No sé de quién fue la idea. Pero le dimos el máximo rendimiento. Allí empezó nuestro baloncesto. Nuestra búsqueda de alternativas al fútbol saturado. Nuestro desahogo sano. Nuestro complemento a la mente. La socialización y el trabajo en equipo. El canal por donde encauzar el desbordante río del “aburrimiento”.

9.- “Las pasantías siempre llaman dos veces”. Los padres no saben todo. Los “compas” de clase, tampoco. El inglés y las matemáticas eran lo más demandado.

10.- “Pensar por libre”. Se pusieron de moda las zapatillas de marca. Pero en casa lo habíamos aprendido bien: “sólo si se puede”; “tener más no te hace mejor”; “no te obsesiones; existen más cosas que unas “bambas””. Nada de borregos este curso.

Manuel Blanco
Delegado de Medios
de Comunicación Social