Momento Blanco, en Cope: borrachera

La señora venía con cara muy alegre. Se tambaleaba un poco. Saludó al grupo. Tropezó levemente. Marchó y volvió un par de veces. Nos dio ánimos y rió bastante rato cuando Ramón, el mariñeiro, respondió al saludo de un inglés que pasaba: “bye, bye!” “Vaite, vaite, condanacho!”. Con 83 años, la sra. Lucrecia parecía mayor para venir del botellón o computar en el informe Pisa, pero “non se pon a man no lume”…

Alguien, con empalagosa confianza, se atrevió a preguntarle a su marido, el Sr. Paulino. “Qué borracheira nin que lerias!! Onte fomos á Adoración nocturna que puxeron na parroquia e veume cambiada”. El sr. Marcial no daba crédito; aunque pensó que a su patrona no le vendría mal un sitio de esos donde se dulcificase el carácter. ¿Y si esta chispa tuviese que ver con la pura alegría de Navidad?

En sus bodas de oro, una pareja comentaba que la Navidad les recordaba a su amor de juventud. Las familias se oponían a aquella relación y, para no hacer daño a nadie, ni a sus propios corazones, varias veces habían prometido no volverse a ver. Por suerte, lo incumplieron. Esa felicidad la trae y la busca el Niño de Belén. Su alegría, ni siquiera es verse correspondido. Aunque tal embriaguez lo cambiaría todo.

Manuel Ángel Blanco
(Cope, 9 de diciembre de 2016)