Monseñor Barrio asegura que “no nos podemos resignar al hambre en el mundo” y pide educarnos en la solidaridad

“El hambre y la desnutrición matan y esto no deja de ser un escándalo en el siglo XXI”, asegura el arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, en una carta pastoral escrita con motivo de la campaña de Manos Unidas contra el hambre, que este año se celebra bajo el lema “Plántale cara al hambre: siembra”. En su carta, el arzobispo compostelano indica que “no podemos resignarnos al hambre en el mundo. Nuestro hoy es una verdadera oportunidad para comprometernos a nosotros mismos y a las instituciones a actuar según la cultura del encuentro y de la solidaridad, reducir los costes de intermediación y favorecer la producción a pequeña escala, como suele decirse a la puerta de casa. Sería el principio de la solución. No debemos caer en la tentación del conformismo y de la comodidad”. Es necesario, dice monseñor Barrio, educarnos en la solidaridad.

“En este Año de la Misericordia”, se puede leer en la carta pastoral de monseñor Barrio, “recordamos que la primera obra de misericordia es dar de comer al hambriento”, al tiempo que recuerda que “en la era de la globalización, eliminar el hambre en el mundo se ha convertido también en una meta que se ha de lograr para salvaguardar la paz y la estabilidad del planeta. El hambre no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es de tipo institucional”.

Tras lamentar el desperdicio de alimentos en nuestra sociedad, como muestra de la cultura del descarte de la que habla el papa Francisco, monseñor Barrio explica que todavía “siguen siendo millones de personas las que pasan hambre o están mal alimentadas, entre ellas muchos niños. Esto contrasta fehacientemente con una sociedad caracterizada por el progreso y ha de herir nuestra conciencia personal y social, llevándonos a preguntar qué es lo que estamos haciendo mal para que el hambre sea una realidad. La respuesta es nuestro individualismo, nuestra actitud insolidaria y nuestra falta de iniciativa”. Es necesario, dice monseñor Barrio, educarnos en la solidaridad.