Monseñor Barrio recuerda que respetar la creación incluye también el respeto por el hombre

El arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, aseguró hoy en su homilía de la Jornada de Oración por el Cuidado de la Creación, que se desarrolló en la catedral compostelana, que “la creación se convierte en un lugar donde conocer y reconocer la omnipotencia de Dios y su bondad, y en una llamada a nuestra fe para que proclamemos a Dios como Creador”. Monseñor Barrio indicó que “la acción creadora de Dios pone orden, infunde armonía, da belleza” y dijo que cuando el hombre olvida esta realidad,  “todas las demás relaciones se alteran. El otro se convierte en un rival, el mundo deja de ser un jardín lleno de armonía para convertirse en un lugar de explotación y en una casa común llena de insidias ocultas”.

El arzobispo compostelano reclamó hoy en su intervención en la Jornada de Oración por el Cuidado de la Creación respeto por la naturaleza, por la armonía que se observa en la creación y un reconocimiento pleno de que para la humanidad “nuestra referencia esencial es Dios”, frente a “la tentación” de “construirnos el propio mundo para vivir”.

En este sentido, monseñor Barrio recordó que “respetar la creación no significa solamente proteger y cuidar la tierra, el agua y los otros componentes del mundo natural. Consiste también en expresar el respeto por los otros seres humanos que comparten estos dones y son también responsables de los mismos”.

La Jornada Mundial de Oración por el cuidado de la Creación, de este día 1 de septiembre, se enmarca en el Tiempo para la Creación que se celebra en todo el mundo del 1 de septiembre, el primer día del año eclesiástico ortodoxo, al 4 de octubre, la fiesta de San Francisco de Asís, santo patrón de los animales y el medio ambiente en la tradición católica; el Consejo Mundial de Iglesias anima a las iglesias a participar en el Tiempo para la Creación. El Papa Francisco instituyó esta Jornada Mundial de Oración por el cuidado de la Creación el 6 de agosto de 2015, en una carta a los Cardenales Presidentes de los Consejos Pontificios Justicia y Paz y para la Promoción de la Unidad de los Cristianos.