Entrevista a mons. Barrio en El Correo Gallego: “Necesitamos testigos que vivan la fe sin complejos ni disfraces”

El prelado, en plena forma tras la operación del pasado verano, confía en que el Sínodo sirva para estructurar de nuevo la Iglesia diocesana y solucionar problemas.

La celebración del Jubileo de la Misericordia ha supuesto un importante reto para la iglesia compostelana, junto con los cambios que ha introducido el papa Francisco. El arzobispo, monseñor Julián Barrio, analiza la situación actual que vive la Diócesis, y sus preocupaciones fundamentales.

¿Qué tal se encuentra, don Julián? ¿Cómo fue el proceso de recuperación tras la operación del pasado verano?

Gracias a Dios, el proceso de recuperación ha ido discurriendo con toda normalidad y el ritmo de trabajo va respondiendo a las preocupaciones lógicas del gobierno pastoral de la Diócesis. He de decir que la profesionalidad de los doctores y el buen hacer de todo el personal hospitalario han sido factores imprescindibles en esa recuperación. Quede constancia de mi agradecimiento.

Cumple 20 años de ministerio como titular de la Sede compostelana, ¿qué balance hace de estas dos décadas?

Ya he comentado en otra ocasión que al responder a esta pregunta me acuerdo de lo que el Maestro Mateo manifestó al concluir la obra del Pórtico de la Gloria diciendo: lo que hay de bello a Dios se le debe, lo que hay de feo es responsabilidad mía. Algo semejante podría decir yo. En todo caso es la Iglesia diocesana quien tiene que evaluar la posible respuesta a esta consideración. He vivido veintitrés años, tres como obispo y veinte como arzobispo, en esta Iglesia compostelana con y al servicio de los diocesanos en la medida de mis posibilidades, y es mucho por lo que tengo que dar gracias a Dios. También agradezco al presbiterio, a los miembros de la vida consagrada y a los laicos su apoyo en estos años, porque sin su ayuda no podría haber llevado adelante esta misión.

¿Cómo es un día ordinario de la vida de monseñor Barrio?

Normalmente empieza a las seis y media de la mañana. El día discurre entre los momentos de oración, la celebración de la Eucaristía, la atención a quienes han pedido verme, la visita a las parroquias, el estudio, la preparación de cartas pastorales, los encuentros con los organismos diocesanos en orden a la reflexión sobre la vida pastoral…

¿Tiene algún hobby?

Sí que dedico tiempo a la lectura, tanto de libros de los autores clásicos como de los modernos: en este caso, de los autores que analizan el pensamiento y la sociedad actual, sobre todo, de Europa. De tanto en vez me gusta también caminar por el centro histórico de Santiago por aquello de poder apreciar lo que más cerca tenemos.

¿Cómo es el papel de arzobispo? ¿Qué preocupaciones ocupan en estos momentos su agenda?

La misión del arzobispo es estar y acompañar a sus diocesanos en todo lo que comporta el peregrinar de sus vidas: con sus alegrías y penas, con sus dudas y esperanzas. Hoy de manera especial el arzobispo tiene la función de ser puente unido a la orilla de Dios y del hombre. Me ilusiona ver el esfuerzo por construir la civilización del amor, afirmando la cultura de la vida. Me preocupa el proceso de descristianización, la mediocridad ética, la miopía espiritual y la afirmación de la cultura de la muerte como vemos en no pocos acontecimientos.

Y también habrá momentos de júbilo, ¿cuáles recuerda con especial alegría?

Para mí fue una gran satis­facción que el papa emérito Benedicto XVI visitara la Archidiócesis en el Año Santo 2010 como peregrino de la fe y testigo de Cristo resucitado. Pudimos comprobar que las dimensiones de hispanidad, europeidad y universalidad que connotan a Santiago se vieron selladas por la dimensión de la apostolicidad con la presencia del papa.

La Iglesia compostelana está celebrando un sínodo diocesano, ¿cómo está transcurriendo?

Creo que va realizándose con serenidad y esperanza. Es este un camino de trabajo que, a lo largo de muchos meses, no tiene grandes ecos mediáticos, por así decirlo, sino que más bien se va realizando en una tarea callada de los grupos sinodales que se han constituido por toda la diócesis. Se han recibido los documentos de trabajo con interés, y la implicación de los párrocos, sacerdotes, miembros de la vida consagrada y laicos está siendo en general muy generosa.

¿En qué consiste?

Es un proceso de participación en el que se buscan soluciones a realidades de las cuales es necesario hacer una lectura creyente. Es un tiempo para agradecer todo lo que nos han legado las generaciones anteriores; pero es también un momento para definir y estructurar esta iglesia diocesana a la que amamos. Esa es, en el fondo, la motivación que me llevó a convocar el Sínodo diocesano.

Además del Sínodo, ¿qué otros retos tiene ahora mismo la Diócesis a corto plazo? Me imagino que el envejecimiento del clero y la escasez de vocaciones sacerdotales será uno de ellos…

La alta edad media de nuestro clero diocesano, la falta de vocaciones al ministerio sacerdotal y a la vida consagrada, el proceso de secularismo en que nos encontramos, la preparación de un laicado comprometido en las tareas pastorales son otros tantos retos que hemos de afrontar. La Iglesia está llamada a prestar su servicio a todo el conjunto de la sociedad, iluminando las realidades temporales con la luz del mensaje del Evangelio. Es la perspectiva cristiana que podemos acoger o no, sabiendo que la fe se propone pero no se impone. Es evidente que la pérdida de la dimensión trascendente genera todas las frustraciones de la persona e impide construir un mundo que sea habitable humanamente y en el que lo esencial de lo humano no quede cercenado. Cuando la moral es considerada superflua, la corrupción es algo obvio, afectando no sólo a las personas sino también a las instituciones. Cuando la persona humana manipula la moral como puro utilitarismo, se encamina hacia la esclavitud de la tiranía, subordinando lo espiritual a lo material y la libertad al libertinaje. La Iglesia es sabedora de que el hombre es el camino que tiene que recorrer.

¿Habrá cambios palpables en la Diócesis por esta circunstancia?

En el discernimiento que estamos haciendo con motivo del Sínodo diocesano nos damos cuenta de que nuestro compromiso cristiano tiene que ser más significativo, siendo “sal de la tierra y luz del mundo”. Este convencimiento es ya algo importante. Es la hora de los audaces en el Espíritu llamados a mantener el ardor y la intrepidez apostólicos. Necesitamos testigos capaces de vivir la fe sin complejos ni disfraces, en escucha y en diálogo, con altura espiritual, abiertos a Dios para edificar la ciudad terrena conforme a los criterios del Evangelio, en la normalidad de la vida familiar, laboral, social, cultural y política. Estamos viendo que cuando se olvida a Dios, el hombre mismo queda oscurecido.

El papa hablaba hace poco del papel de la mujer en la liturgia, y planteaba la posibilidad de la ordenación de diaconisas permanentes, ¿apoya esta propuesta?

No podemos imaginarnos la Iglesia sin la colaboración femenina. La presencia de la mujer es más que nunca central y significativa. En la Virgen María, la mujer encuentra su referente en la Iglesia, teniendo un papel de la mayor importancia en la vida eclesial, al contribuir en modo único a manifestar el verdadero rostro de la Iglesia, esposa de Cristo y madre de los creyentes. El testimonio de la vida de las mujeres en la Iglesia es una manifestación de valores, sin los cuales la humanidad se cerraría en la autosuficiencia, en los sueños de poder y en el drama de la violencia. Las mujeres están llamadas a participar en el dinamismo de la Iglesia sin ninguna discriminación. Así vemos su presencia en los consejos pastorales diocesanos y parroquiales como en los sínodos convocados por el papa o por los obispos, cooperando en la misión de la Iglesia en relación con la familia, con la profesión y con la sociedad civil. En todos estos campos la intervención de la mujer ofrece una gran contribución de sabiduría y moderación, de valentía y de entrega, de espiritualidad y fervor para el bien de la Iglesia y de la sociedad. El papa ha previsto una comisión para estudiar desde la teología y desde la historia de la Iglesia la cuestión de las diaconisas. Más allá de nuestras apreciaciones o deseos, la actitud debe ser sentir con la Iglesia y en la Iglesia.

El santo padre también criticaba el otro día los templos que tienen un horario colgado en sus puertas e instó a que la casa de Dios esté abierta siempre. Como pastor de la Diócesis, ¿invitará a los sacerdotes a escuchar esta sugerencia?

Las sugerencias pastorales del papa han de ser siempre atendidas. La Iglesia es la casa que debería estar siempre abierta para visitar al Señor, real y verdaderamente presente en la Eucaristía, fomentar la devoción a los santos y encontrar en el silencio un espacio de oración. Esto supuesto, tendremos que solventar otras cuestiones que están dificultando esta práctica. ¡Ojalá que pudiéramos contar con un voluntariado que facilitara esta práctica! Concretamente, esta es una petición que constantemente recibimos de los peregrinos a Santiago que lamentan encontrar las iglesias cerradas.

¿Cómo es su relación con el papa Francisco? ¿Hablan con cierta frecuencia?

La relación con el papa es la habitual que mantenemos todos los obispos del mundo con quien ha sido elegido para ser pastor de la Iglesia universal. El idioma y la cultura que compartimos en el caso del papa Francisco aún lo hacen más cercano para nosotros. Pude conocerlo cuando era cardenal arzobispo de la Archidiócesis de Buenos Aires con motivo de dar unas conferencias en esta capital. Posteriormente, ya siendo papa, tuve la oportunidad de hablar con él en la peregrinación interdiocesana que hicimos las diócesis gallegas en el Año de la Fe. Me he comunicado también por carta con él.

¿Cree que algún día podría visitar Santiago?

Los viajes de un papa no responden sólo a los deseos personales de recibirle en cada país, por grandes que sean estos, como sería nuestro caso. Están supeditados a las necesidades pastorales de la Iglesia en su conjunto y a las posibilidades personales del sucesor de Pedro. Cuando él pueda venir estaremos encantados de acogerle en esta su casa de Santiago.

Fuente: Arturo Reboyras – Foto: F. Blanco | El Correo Gallego