Nunca es tarde

En estos diez años dedicados a la pastoral penitenciaria he recibido muchas llamadas de sacerdotes preocupándose por alguno de sus feligreses internos en Teixeiro, antes de que el Papa Francisco abriera el año de la misericordia.

En una ocasión recibí a un sacerdote de otra diócesis, ya mayor, deseaba visitar a un interno, natural de su parroquia, y así lo hicimos. Pasados unos meses recibo su llamada, estaba preocupado y quería que habláramos, y lo hicimos, había decidido implicarse en la labor de la pastoral: “mi diócesis no tiene cárcel, pero tiene presos”, y se implicó. Hoy, se siente agradecido, ya no tanto por lo que hace, sino por lo que recibe… y a sus ochenta largos años, todas las semanas coge el coche, hace unos 100 kms y otros tantos de regreso, y con una sonrisa en la cara dice que los presos le han llenado de vida sus últimos años de sacerdocio.

También recuerdo a un amigo que en una ocasión me “riñó” un poquito, porque hablaba mucho de la cárcel; y a otro, que un día me llama para preguntar si un chico podría estar en prisión, y efectivamente, lo estaba, cuando se lo dije, me creía yo, que se iba a interesar por él, ¡pero no!, parece ser que era el que le había robado en la iglesia y quería saber que había hecho con las cosas; ¡le dije que fuera a la policía!. Esto no es una crítica, todo lo contrario, es el corazón humano de una Iglesia que todos los días necesita dar y recibir, es Dios que todos los días pasa a nuestro lado y nos llama; ¡algunas veces no le escuchamos!.

Durante muchos años, la Institución Penitenciaria (a nivel de gobierno), tuvo a su frente a una mujer que en sus primeros años en el cargo, su lema era “Iglesia fuera de las cárceles”; cuando dejó el cargo político reconoció públicamente la labor de los cristianos en las prisiones y el enorme trabajo de humanización que todos los días hacen los voluntarios de la pastoral, hombres y mujeres corrientes, que con fe llevan la palabra de Dios al que sufre, al margen de lo que haya hecho, porque no nos toca a nosotros juzgar a los hombres, ¡eso lo hace Dios!.

Manuel Garcia Souto
Responsable Pastoral Penitenciaria