Orientaciones de la pastoral juvenil para verano

La Subcomisión de Juventud e Infancia de la Conferencia Episcopal Española ha redactado una pequeña guía de orientaciones para afrontar las actividades con jóvenes de cara a este verano 2021, el segundo de la pandemia.

La Subcomisión indica que la pastoral con jóvenes ve necesario reactivarse y dar un paso hacia adelante para ofrecer las iniciativas que se quedaron a un lado a causa del coronavirus, con una nueva perspectiva, una nueva mirada.

Orientaciones

 1. Afianzar la centralidad de Cristo en nuestras opciones evangelizadoras.

Sabemos que en todo este tiempo no se ha perdido la centralidad de Cristo en todo lo hecho y, por ello, tampoco lo podemos olvidar ahora. Cristo motiva nuestras acciones y debe ser el centro de las mismas. Él es el “compañero de camino” de nuestros jóvenes.

2. Actuar con creatividad.

Puede que todavía no sea el momento de realizar actividades tan multitudinarias como antaño, por lo que debemos aprovechar para interactuar en pequeños grupos, con un espacio más personalizado en el que el joven se sienta más protagonista. No olvidemos seguir trabajando por esa pastoral CON jóvenes. Ellos son protagonistas del anuncio.

3. Mirar con esperanza.

Ha quedado demostrado, que todo el esfuerzo realizado desde el confinamiento ha dado resultado. La vacunación va avanzando y la curva de la enfermedad comienza a bajar. Caminemos con una esperanza fundada en la confianza en Dios, y confiando en los jóvenes.

4. Ser solidarios.

No hay que olvidar que muchos lugares de peregrinación o casas de retiros han estado totalmente parados durante estos meses. Debemos contribuir con ellos para reactivar esos lugares y que tanto bien nos hacen en nuestro trabajo pastoral.

5. Conservar la esencia.

Somos seres sociales por naturaleza. Nuestros grupos, movimientos…, se crearon con esa condición: compartir la fe, caminar juntos, descubrir juntos esos momentos de vida y esperanza, disfrutar de la naturaleza como obra de Dios…, y todo ello forma parte de la esencia de lo que somos.

6. Demostrar lo aprendido.

Nuestros jóvenes han demostrado que, siguiendo unas normas, (como el lavado de manos, la distancia de seguridad o el uso de la mascarilla), pueden seguir formándose y encontrándose. Si ha dado tan buenos resultados en otros espacios, más si cabe debe darse en las actividades de verano que realicemos.

7. Educar en lo vivido.

El volver a tener actividades presenciales no debe hacer que nos olvidemos de todo lo pasado, de esos momentos de angustia y saturación virtual que arrastran los jóvenes. Es recomendable propiciar espacios para hablar sobre la pandemia y animar a expresar dudas y temores. Hay que empezar a posibilitar que los jóvenes integren estos momentos vividos y que no los repriman. Además, es importante que todo lo vivido se inserte en el proceso de maduración personal de la Fe.

8. No dejarse llevar por la euforia.

Todos estamos deseando volver a encontrarnos y vivir experiencias con los nuestros. Pero no hay que olvidar que el virus sigue con nosotros y que, aunque nos creamos a salvo, relajar las medidas de seguridad puede ser negativo. Seamos prudentes.

9. Preparar para la PEJ y la JMJ.

Aprovechemos este tiempo para realizar una preparación más personal para la PEJ de 2022 en Santiago de Compostela y la JMJ de Lisboa en el verano de 2023. Hemos pasado por estar confinados, solos. El verano pasado ya pudimos realizar algunas cosas semi-presencialmente. Que este verano sea un paso más hacia adelante y además con un futuro tan apasionante.

10. Algunas pautas para seguir.

Antes de comenzar cualquier actividad debemos tener en cuenta algunas cuestiones como:

  • conocer la normativa del lugar (adjuntamos un esquema de las distintas normativas por comunidades autónomas),
  • saber en qué fase de la desescalada se encuentra el lugar,
  • opciones y protocolos por si se produjera un brote,
  • pero, sobre todo, llenar la mochila de actividades atrayentes poniéndonos al servicio de la comunidad.
  • Y por supuesto, mucha confianza en Dios y vivirlo con esperanza

 

Fuente: Conferencia Episcopal Española