Parroquia de Conxo

Neira Mosquera cuenta en  “Monografías de Santiago”, el origen legendario del Monasterio de Conxo, basado en un desaparecido manuscrito del Padre Martín Sarmiento “Memorias para la Historia de los monumentos de España”. La leyenda cuenta que lo primero fue “el sepulcro de un caballero y la celda de su enamorada”:

Almerico Canoggio era hijo del Gobernador de la región de la Picardía, en el norte de Francia. Almerico estaba prometido con Rwisinda. Ella había rechazado las proposiciones del conde Guarino. Buen hijo y hombre de armas, el joven hizo el Camino de Santiago para pedir por la recuperación de la salud de su padre.

Durante el recorrido, el Conde Guarino lo asesinó clavándole una espada en la garganta mientras descansaba en una hospedería de Burgos. Rwinsinda, al enterarse de los malvados planes del Conde, quiso avisar a Almerico pero llegó tarde a Burgos. Su galán ya había muerto.

Ella continúa con la peregrinación a Compostela para cumplir su voto y darle sepultura; lleva consigo el cadáver de su amado. En Compostela elige como sepulcro un lugar con una pequeña iglesia a las orillas del bajo Sar, dedicada a la Virgen, donde un grupo de mujeres, al parecer, ya hacía vida eremítica.

Rwisinda renuncia al mundo y dedica su vida al cuidado de la tumba de su amante. Junto a las damas de su séquito y a las devotas del cenobio, forma una comunidad de mujeres. Rwisinda habría sido la primera abadesa. El lugar adopta el nombre de CANOGGIO  (con el tiempo, CONJO y, posteriormente, CONXO).

Dejando a un lado la leyenda, sí que se recuerdan las ruinas de una iglesia dedicada en Conxo a Santa María. En 1129 (fecha que se conserva en una inscripción del claustro románico), una comunidad benedictina femenina la habría refundado y recuperado. En el s. XV, estas monjas pasaron al Monasterio de Antealtares.

En 1482 los Mercedarios se establecen en ese abandonado convento benedictino de Conxo. Su carisma pone en marcha las “Veredas de la Redención”, que enlazan los lugares de la costa gallega (expuesta a saqueos y rapiña) con Santiago; recogían limosna para  la redención de los cautivos o, ellos mismos, se ofrecían como rehenes.

Por otra parte, los PP. Mercedarios llegan a regentar aulas en la Universidad de Santiago. El P. Acebedo, por ejemplo, consiguió para Compostela, las de Medicina y Derecho. En 1649 el Convento funcionó también como Colegio Mayor. Los religiosos se marchan con la Desamortización de Mendizábal y regresan al monasterio en 1982, regentando, en la actualidad, la parroquia y las capellanías del Hospital Psiquiátrico y Provincial.

El fraile mercedario Fray Juan Gilabert Jofré, fue el fundador e impulsor del primer manicomio (Valencia, año 1404) para “las personas locas, marginadas, dementes, santos inocentes, enfermos mentales”. El primero de esos centros para Galicia llega al Monasterio de Conxo en 1885, gracias al Cardenal Payá y la colaboración de la familia del Catedrático de Anatomía Dr. Sánchez Freire, que da nombre a la calle.

En este momento, la iglesia del Monasterio funciona como parroquia. Los núcleos de población más importantes se agrupan en torno a: La Rocha, Torrente, Volta do Castro, Avenida de Ferrol, Cornes, etc. Su población se calcula en unos 15.000 habitantes.

En la iglesia se encuentra la imagen del Santo Cristo de Conxo, realizada en Valladolid por el escultor Gregorio Fernández el año 1628; llegó a Conxo en diciembre de 1629. El año 1720 nace la Cofradía y Esclavitud de Nuestra Santísima Madre de la Merced.

En 1731 surge la Cofradía y Esclavitud del Santísimo Cristo de Conxo (desde 2012, con el nombre de “Cofradía del Santísimo Cristo de la Paciencia de Conxo”).    Desde 1980 tiene una participación importante en la Semana Santa Compostelana. Procesiona con una imagen del escultor compostelano Maximino Magariños (1916).

Como en tantas ocasiones, una institución que ayuda a los enfermos (en este caso, psiquiátricos), tiene su origen en la voluntad de la Iglesia de que la redención de Cristo llegue a todos los ámbitos de la sociedad, especialmente a los más necesitados. El barrio de Conxo tiene un pasado de leyenda, un presente de discreción y mucho futuro.