Promover la dignidad de la mujer, “objetivo de todos los esfuerzos de la Iglesia”, asegura monseñor Barrio

“La promoción de la dignidad de la mujer en cuanto mujer, una dignidad idéntica a la del hombre, es el objetivo de todos los esfuerzos de la Iglesia”. Así se lee en una Carta Pastoral titulada “La diversidad, fuente de enriquecimiento”, escrita por el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, con motivo del Día Internacional de la Mujer, que se celebra este día 8 de marzo. En la carta, monseñor Barrio indica que esta efemérides es una “buena ocasión para reflexionar sobre qué estamos haciendo individual y colectivamente para que la mujer sea estimada en igualdad real con el hombre. Lamentablemente sigue existiendo una cierta discriminación de la condición femenina en cuanto a la puesta en práctica de los derechos”. El arzobispo asegura que “es importante poder hablar de un feminismo cristiano para presentar los principios en los que se fundamenta esta causa. Con sus cualidades específicamente femeninas también la mujer está llamada a construir un mundo nuevo. Da la impresión de que en el momento cultural se está perdiendo la perspectiva de la verdad sobre la persona humana, de la verdad sobre lo que el hombre y la mujer son como personas”.

En su carta, monseñor Barrio recuerda que “el respeto a la dignidad de la mujer es la condición indispensable para superar toda discriminación” y que, según informes de ONGs católicas, como Misiones Salesianas, nacer mujer significa tener más probabilidades de vivir en la pobreza y que de cada 10 personas pobres en el mundo 7 son mujeres, o que más de 60 millones de niñas no van a la escuela y más de 500 millones de mujeres no saben leer ni escribir. Además, el arzobispo de Santiago alude a los informes de Cáritas en los que, año tras año, la realidad de la pobreza nos ofrece un muestrario de la realidad de la condición femenina: “mayor paro entre las mujeres que entre los hombres; jóvenes obligadas a dejar en edad temprana sus estudios; dificultades mayores para acceder a puestos de trabajo; imposibilidad de conciliar la vida familiar y laboral; cuando no lamentables situaciones de violencia o de abusos que escandalizan, exigen justicia y necesitan sanación”.

“Sólo el abierto reconocimiento de la dignidad de la mujer”, dice monseñor Barrio, “es como el primer paso a dar para promover su plena participación tanto en la vida eclesial como en la social y pública”.