«Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a esas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor.»

Nosotros somos ovejuelas del Señor. Somos miembros de su rebaño y Jesús es nuestro Buen Pastor. Pero en su Corazón está el dolor de tantas y tantas ovejas, hermanas nuestras, que andan por los caminos alejadas del rebaño. ¿Y tú y yo qué vamos a hacer? ¿Nos duele lo que le duele al Corazón de Jesús? ¿Vamos a salir a buscar a la oveja perdida o nos vamos a quedar cómodamente sin hacer nada, despreocupados por tantos hermanos nuestros perdidos?

Pablo Martínez, con Federico MartínAbran las puertas  https://youtu.be/iqKm6znpjSM

Elena Fernández Andrés · https://twitter.com/poverellacm

 

Ayer empezamos la IV Semana de Pascua. Llevamos tres proclamando que Cristo está vivo, que el sepulcro está vacío. Y, en medio de las incertidumbres, seguiremos proclamándolo. Dios está presente, está a nuestro lado. Camina delante como el Buen Pastor. Nos dice continuamente palabras de ánimo. Y no son solo palabras. Ha dado su vida por mí. Los bandidos y ladrones me engañaron, me prometieron, me mintieron… Pero Jesús no es bandido ni ladrón. Él ha entregado su vida por mí. Por eso me puedo fiar de Él. Ahora tengo que responder a su amor con confianza y compromiso. Jesús, yo te abro la puerta para que entres en mi corazón y me salves. En este tiempo de confinamiento, tenemos que vivir de la comunión espiritual y, cada día, en esa comunión te respondemos con palabras de amor: «Te amo, Jesús, confío en Ti, te proclamo Señor de mi vida«. Viene bien hoy recordar este poema de amistad con Jesús:

¿Qué tengo yo que mi amistad procuras?

¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,

que a mi puerta cubierto de rocío

pasas las noches del invierno escuras?

¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras,

pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,

si de mi ingratitud el hielo frío

secó las llagas de tus plantas puras!

¡Cuántas veces el Ángel me decía:

«Alma, asómate agora a la ventana,

verás con cuánto amor llamar porfía»!

¡Y cuántas, hermosura soberana,

«Mañana le abriremos», respondía,

para lo mismo responder mañana!

Montse de Javier · Comunidade Caná