¿Qué es la Comunión espiritual?

Debido al confinamiento de la pandemia y no poder asistir a Misa ni recibir a Jesús sacramentado, en las Misas de los medios se ha puesto muy de actualidad inculcar a los fieles hacer al menos la Comunión espiritual… Pero, ¿se explica su hondo sentido y lo qué se necesita para que sea realmente fructuosa? Creo que ahora, al celebrar la institución de la Eucaristía, cabe bien instruir al fiel en que profundice en esta realidad.

En mi libro Vida eucarística  (Edic. Rialp, Patmos 216, 3ª edic., que distribuye Amazón) en las páginas 111 a 154 se trata pormenorizadamente de esta costumbre cristiana. Aquí doy un breve extracto.

 

Es la unión del alma con Jesucristo presente en la Eucaristía, no recibiéndole sacramentalmente, sino avivando el deseo de recibirle y fomentando la fe y el amor hacia Él.

¡Él está ahí para que lo comamos! —instituitur ut sumatur–; y es bueno fomentar el deseo, el ansia –¡el apetito!— de recibirle, intensificándolo con actos de fe y de amor hacia el Señor sacramentado. Enseña santo Tomás de Aquino: «el fin está ya de alguna manera contenido en el deseo», pues el deseo intenso suple al acto cuando éste no puede ser realizado.

Esta es la condición principal para que se dé la Comunión espiritual: la eficacia del deseo. Tener hambre de Eucaristía –desearla vivamente–, con esto ya se hace un acto que toca a Dios. Es decir, si nos aproximamos a la vida de Cristo en la Eucaristía, Cristo ya viene –de alguna manera– a nosotros; la comunión se recibe ya de algún modo si se la desea vivamente, pero, con el propósito de hacer lo posible para recibirla sacramentalmente.

Para realizar con fruto la comunión espiritual hemos de procurar que la mente y el corazón realicen estos cuatro actos referidos a Jesús sacramentado: –Un acto de fe en su presencia real: ¡Creo que estás aquí! –Un acto de amor hacia Jesús sacramentado: ¡Te amo sobre todas las cosas! –Un acto de deseo, con la intención de poner los medios para recibirle sacramentalmente en cuanto sea posible: ¡Quisiere recibirte, Señor! –Un acto de acción de gracias, haciéndolo del mismo modo que si se hubiese comulgado sacramentalmente: ¡Gracias, Jesús, por quedarte con nosotros y por venir a mí!

Esta oración de san Alfonso María de Ligorio precisa bien los diversos componentes de la Comunión espiritual:

–Jesús mío, creo firmemente que estás en el Santísimo Sacramento del Altar. Te amo    sobre todas las cosas y deseo tenerte en mi alma. Ya que ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven a lo menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya hubieras venido, te abrazo y me uno todo a Ti; no permitas que yo me separe de Ti.

Devoción muy al alcance de todos, basta un sencillo acto de amor hacia el Santísimo. Enseña el Kempis: «Cualquier fiel, a cualquier hora, en cualquier día, puede hacerla saludablemente sin prohibición alguna».

Contaba san Josemaría que desde muy temprana edad le enseñó un escolapio a hacer la comunión espiritual, ya cuando se preparaba para su Primera Comunión:

–Yo quisiera, Señor, recibiros con aquella pureza, humildad y devoción con que os recibió vuestra Santísima Madre con el espíritu y fervor de los santos.

Esta oración que repitió durante toda su vida es hoy familiar a personas de toda condición en el mundo enteroRepetidas a lo largo del día, por lo general breves y afectuosas, se convierten en recia y piadosa costumbre espiritual y apoyo firme al diario caminar, dándonos pie para hacer del día una Misa.

                                                                                                                                            Jomigo