San Martín De Tours

En la sección «¿A quién tengo que felicitar esta semana?» suele venir el santo de cada día. Pienso que es bueno para nuestra vida cristiana conocer en profundidad a los santos. Todos ellos nos ofrecen «el ejemplo de sus vidas, la ayuda de su intercesión y la participación en su mismo destino».

Leer «vidas de santos» -en otras épocas- era práctica habitual. Al ser «amigos de  Dios» ayudan mucho a fortalecer la fe. Creo que actualmente frecuentamos poco esa lectura. En internet hoy tenemos facilidad para ilustrarnos con sus vidas, os animo a ello. Es lo que he hecho para conseguir  datos hagiográficos  de este santo tan popular y venerado cuya fiesta celebramos esta misma semana.

SAN MARTÍN DE TOURS (316-397): Militar, eremita, monje, obispo. Oriundo de Sabaria -Panonia- (Hungría), hijo de un  tribuno romano, ya como soldado joven, se le ve respetuoso y comprensivo con todos. Trataba a su sirviente como a su hermano y evitaba las diversiones banales. Es por entonces cuando tuvo lugar la famosa escena de partir su capa, como suele representarlo la imaginería, montado a caballo, en famosas esculturas y pinturas -que también se pueden ver en internet. Ocurrió en Amiens a poco de alistarse como soldado, un día de invierno muy frío en que se encontró en su camino con un pobre aterido de frio. Como no llevaba más para cubrir su desnudez, sacó la espada y dividió su capa militar y dio la mitad al pobre… Se relata en su vida que esa misma noche vio en sueños a Jesucristo, vestido con el medio manto que él había dado al pobre y le oyó decir: «Martín, hoy me cubriste con tu manto».

Como muestra de su misericordia, el papa Francisco regala a sus visitas oficiales un medallón con esta escena. Y, otro dato muy curioso, es que los reyes francos conservaban en un pequeño oratorio como una reliquia insigne la capa que se tenía por ser la de san Martín; al custodio de ésta se le llamaba «capellán», y el nombre de «capilla» procede del lugar donde se guardaba esta media capa.

Recibió el bautismo sobre los veinte años, y más tarde abandonó la milicia para convertirse en discípulo del obispo San Hilario de Poitiers que luego lo ordenó de diácono y presbítero. Tras un viaje a Italia comenzó a hacer vida eremítica en la isla Gallinaria, cerca de Génova. Más tarde eligió la vida monástica y fundó el monasterio de Ligujé, el más antiguo de Europa. Llamado a Tours, sin saber a que iba, el favor popular le escogió como obispo de Tours. Funda el maius monasterium -Marmoutier-, centro de vida cristiana del que saldrán muchos candidatos al episcopado. El obispo Martín recorrió todo el territorio de su diócesis dejando en cada pueblo un sacerdote bien formado. A nuestro santo se le tiene en Francia como el fundador de las parroquias rurales. Actualmente son 3.667 las parroquias francesas dedicadas a San  Martín. Aquí, en nuestra diócesis de Santiago, son 72 las parroquias que tienen a San Martiño como patrono.

Misionó el centro de Francia y se puso en contacto con las autoridades políticas para conseguir la paz. Se le atribuyen muchos milagros. Cuenta Sulpicio Severo que con su predicación e impulso pastoral se destruían templos y árboles sagrados del paganismo reinante. Me detengo en el siguiente: Unos sacerdotes paganos le hacen frente y ante un pino a derribar, le dicen que se ponga delante ya que ellos lo castigarían echándolo sobre él; cuando estaba a punto de caerle encima, Martín hizo la señal de la cruz y el tronco del pino se desvió… Muestra singular de este milagro es el San Martín Pinario compostelano, el mayor de los monasterios benedictinos gallego. luego Seminario Mayor de la diócesis y hoy también sede de múltiples actividades. Generaciones largas de sacerdotes hemos adquirido en esta monumental casa una gran devoción a San Martín. Su fiesta anual siempre se celebra por todo lo alto.

Muere en Candes mientras hacia una visita pastoral el 8 de noviembre de 397, pero su fiesta se celebra el 11, día de sus funerales en Tours a los que acudió un inmenso gentío. Si no el primero, es uno de los primigenios santos «no mártires» venerados por la Iglesia. Su biografía nos lo muestra «siempre amable, alegre y de buen genio». Era bondadoso con todos, pero su caridad era inagotable con los necesitados.

Jomigo