Se constituyó la nueva Coordinadora Diocesana de Pastoral de Juventud

Este sábado pasado, día 25 de junio, se constituyó la nueva COORDINADORA DIOCESANA DE PASTORAL DE JUVENTUD. El acto fue presidido por Don Julián, nuestro arzobispo, quien dirigió a los asistentes unas palabras tras la oración inicial del encuentro. Publicamos a continuación la intervención del arzobispo en la reunión de trabajo:

Un saludo afectuoso y un agradecimiento cordial por vuestra presencia y participación en este encuentro.

Algún cura me ha dicho: “Hombre, otra estructura en la diócesis”. No, ya bastantes tenemos. En ese sentido este es un encuentro de personas interesadas y preocupadas en este trabajo pastoral con los jóvenes. Le llamamos coordinadora, llamémosle coordinadora, pero lo esencial y significativo es el encuentro que nosotros estamos teniendo con una preocupación que nos une a todos como común denominador, que es la pastoral juvenil.

La juventud es una reflexión necesaria, no sé si ustedes lo entienden así. Tenemos muchos jóvenes que se encuentran en búsqueda del rostro del Señor, que advierten la profundidad de los interrogantes sobre Dios y sobre las últimas cosas, llamémosle realidades; y otros jóvenes a los cuales tenemos que suscitar la atención y el interés para que se pongan en una actitud de búsqueda. ¿Quiénes son más, los primeros o los segundos? No les sabría decir. Quizá la experiencia que ustedes están teniendo de este trabajo a pie de obra en la pastoral juvenil, tuviera más datos para poder responder a esta pregunta. En todo caso yo estoy seguro que es una preocupación compartida por todos nosotros el ayudar a nuestros jóvenes a realizar el proyecto cristiano en su vida.

La pastoral juvenil, tal como estamos acostumbradas a desarrollarla, ha sufrido todo el embate de los cambios sociales. Los jóvenes en sus estructuras habituales no suelen encontrar respuesta a sus inquietudes, a sus necesidades, a sus problemáticas y a sus heridas. Al menos esto es lo que yo estoy percibiendo cuando tengo la posibilidad y el gozo de acercarme a ellos. A los adultos nos cuesta escucharlos con paciencia, nos cuesta comprender sus inquietudes o sus reclamos, nos cuesta aprender hablarles en el lenguaje que ellos comprenden. Por esta razón las propuestas educativas, yo creo, no producen los frutos que todos esperamos. Se está trabajando mucho, estoy seguro de ello, pero, ¿estamos de alguna forma recogiendo los frutos que cabría esperar?

La proliferación y crecimiento de asociaciones y movimientos predominantemente juveniles, pueden interpretarse (yo los interpreto) como una acción del Espíritu que abre caminos nuevos acordes a sus expectativas y búsqueda de espiritualidad profunda, y de un sentido de pertenencia más concreto. Tenemos muchos jóvenes presentes en la diócesis, yo lo estoy percibiendo en el día a día cuando me acerco a las distintas comunidades parroquiales. No me atrevo a decir que sean jóvenes que tengan sentido de pertenencia a la comunidad diocesana, ojalá me equivoque, nada desearía más que equivocarme en este sentido. Se hace necesario ahondar en la participación de los jóvenes en la pastoral del conjunto de la iglesia diocesana.

¿Cuál es mi mensaje en estos momentos? Mi mensaje es, que tomemos conciencia de que tenemos que habitar con esperanza el momento presente. Habitar con esperanza el momento presente, haciendo que los jóvenes puedan encontrarse con Jesús. A mí me alegra mucho encontrarme con los jóvenes siempre. Me siento muy a gusto, tengo que decíroslo; pero siempre les digo (a los jóvenes): “a quien tenéis que encontrar es al Señor, es a Jesús. Si yo puedo ser un medio, bendito sea Dios, pero no os fijéis tanto en mí, porque por otra parte,  no soy alto, no soy guapo, no tengo los ojos azules…. en quien tenéis que fijaros es en el Señor. Y esto que lo digo de mí, me atrevo a decíroslo a todos y a cada uno de vosotros. Nosotros no somos el objetivo, el objetivo es el Señor”.

Está presente en los jóvenes una gran sed de significado, de verdad y de amor. No admito que digan que los jóvenes viven en la superficialidad, si acaso somos nosotros que los miramos en esa superficialidad. Nuestros jóvenes están necesitados lógicamente de significado en su vida, de verdad y de amor. Esto puede mover, yo creo, el proceso educativo y de acercamiento nuestro a ellos. Es urgente que la comunidad, en estrecha relación con las asociaciones y movimientos comprometidos directamente en el tramo de estas edades, piense en recorridos significativos y estructurados para nuestros jóvenes en orden a los contenidos, a los lenguajes, a los métodos y a los signos.

A esta finalidad creo que trata de responder este encuentro nuestro esta mañana. Entrar en la vida de los jóvenes y proponerles lugares y actividades de su interés. Es la vida privilegiada para un camino que une a la vez las diversas dimensiones de la vida cristiana. ¿Y cuáles son esas dimensiones? Hay que empezar por la fe, por la afectividad, por la cultura, por las relaciones que lógicamente estos jóvenes están teniendo. A estos procesos concurren diferentes dimensiones, como son la vida litúrgica, la oración, la vida comunitaria, la caridad, la formación, la reflexión cultural, el voluntariado, el compromiso civil y la promoción humana.

Este es mi mensaje esta mañana para todos vosotros. ¿Por qué? Porque pretendo que los jóvenes, en primer lugar, realicen su vocación cristiana. Para ello han de estar dispuestos a asumir el riesgo de ser cristianos. Realidad fácil de entender, no tan fácil de llevar a la práctica. No pueden asumir este riesgo sin el compromiso de abrazar la cruz. La cruz de cada día, sintiendo a veces ser rechazados, marginados e incomprendidos.

¿Qué nos está pasando hoy? Tenemos un riesgo grandísimo de recluirnos en nosotros mismos. ¿Por qué? Porque hay ámbitos, hay ambientes en los que nuestros jóvenes se sienten rechazados, se sienten incomprendidos, están a la intemperie. ¿Y a quién le gusta quedarse a la intemperie? Yo creo que a ninguno de nosotros nos gusta quedar a la intemperie. Por eso tienen que crear convicciones profundas para asumir este riesgo. Quisiera subrayar esta palabra, riesgo de ser cristiano. Pero junto a esto han de tener la experiencia de que para afrontar este riesgo, es necesario estar arraigados. Estas dos expresiones quisiera un poco que las subrayaran: riesgo de ser cristianos y arraigados. ¿Dónde tienen que estar arraigados? ¿En quién tienen que estar arraigados? Pues lógicamente en esa relación con el Señor. De otra forma la pastoral juvenil, va a estar muy descafeinada.

Quizá dices: ¡vaya ánimos que nos da… que da usted a los jóvenes! No, vamos, estoy dispuesto a dar todo el ánimo que yo pueda y más. Eso sí con claridad: riesgo y arraigamiento. Dice el Papa Francisco: Aunque no siempre es fácil abordar a los jóvenes, se creció en dos aspectos: la conciencia de que toda la comunidad los evangeliza y educa, y la urgencia de que ellos tengan un protagonismo mayor. Cabe reconocer que, en el contexto actual de crisis del compromiso y de los lazos comunitarios, son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado. (Ya quisiera yo haber tenido esta actitud que tienen nuestros jóvenes ahora y eso es una realidad muy positiva) Algunos participan en la vida de la Iglesia, integran grupos de servicio y diversas iniciativas misioneras en sus propias diócesis o en otros lugares. (Evangelii gaudium).

Sobre la conciencia de la vocación cristiana en general, se ha de plantear la vocación concreta con la que cada uno está llamado a realizar, para dar gloria a Dios y servir a los hermanos. Repetidas veces he vuelto sobre esta cuestión, hoy tanto más apremiante. No podemos hacer un planteamiento vocacional concreto, si realmente no se tiene conciencia clara de lo que es la vocación cristiana. Y a ello se llega a través de un proceso de catequesis que realmente tiene en cuenta todo lo que conlleva la iniciación cristiana del joven o de cualquier bautizado. Hablar de las vocaciones al ministerio sacerdotal, a la vida consagrada y al matrimonio, porque también el matrimonio es una vocación. No debemos tener miedo a hacer la propuesta. El exquisito respeto nada tiene que ver con el miedo con que a veces estamos actuando. Claro que hay que ser respetuoso, y nunca uno será lo suficientemente respetuoso, pero eso no quita que nosotros tengamos que hacer la propuesta sabiendo que no imponemos nada a nadie.

Dios no se ausenta de nuestra existencia, ¿por qué nos ausentamos nosotros de la existencia de Dios? En todo este proceso hemos de referirnos, pues, lógicamente a la Evangelii Gaudium, donde se nos dice que los jóvenes han de “callejear la fe”, felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza a cada rincón de la tierra.

Es necesario salir al encuentro de nuestros jóvenes, ser claros en la transmisión del mensaje evangélico y decirles que la Iglesia los necesita. Yo estoy seguro de que ellos también necesitan a la Iglesia, pero por lo menos que sepan que la Iglesia los necesita. Esta forma de actuar la debemos hacer con alegría; que perciban que nos encontramos a gusto con ellos; que tomen conciencia de que no pueden gastar su vida en la provisionalidad; que deben dejar todo tipo, perdonen la palabra, de “postureo” que es lo fácil y lo frívolo, pero que no sirve a su realización integral. La propuesta evangelizadora ha de hacerse siempre desde el corazón o núcleo del Evangelio que es lo más bello y más grande, lo más atractivo y al mismo tiempo, lo más necesario.

¿Y cuál es el núcleo del Evangelio? Es muy sencillo: que Dios nos ama infinitamente en Jesucristo y hace posible nuestra plenitud abriendo nuestro corazón hacia los otros. Yo creo que de aquí brota la alegría que ha de acompañar siempre al evangelizador. Vosotros sois evangelizadores. Hemos de ser audaces y creativos en esta tarea de repensar los objetivos, las estructuras, el estilo y los métodos evangelizadores en las propias comunidades.

Nuestros jóvenes no deberían estar al margen del Sínodo Diocesano. También ellos están llamados a llevar a cabo las conclusiones sinodales, viviendo la comunión y la corresponsabilidad en la Iglesia diocesana. Podéis decirles en verdad, que el arzobispo cuenta con ellos, que sufre con ellos y se alegra con ellos. Tengo que agradecer a los que vienen y participan en las distintas actividades diocesanas. ¡solo faltaba! Para ellos mi agradecimiento. Pero a lo mejor por deformación profesional yo siempre me pregunto donde están los que pudiendo estar no se hacen presentes nunca. Porque jóvenes los tenemos. Sería una iniciativa que cada uno de los que están se comprometiese a traer consigo al menos dos o tres. Ya seríamos de esta forma unos pocos más.

Es mucho trabajo, como os decía, el que se está haciendo; pero tal vez no es tan efectivo porque, con la mejor de la voluntad, pues cada uno hacemos lo que podemos, se va actuando por libre. Yo creo que este encuentro tiene toda su razón de ser, que merece la pena pastoralmente vivirlo con ilusión. Las referencias siempre han de ser el proyecto MARCO de la pastoral de los jóvenes, la encíclica Laudato si´, la Evangelii Gaudium y el Sínodo Diocesano.

Presentar lo que es y lo que significa para los jóvenes la relación con Dios creador. Muchos de los males que hoy estamos teniendo en nuestra sociedad son porque no admitimos a Dios creador y al no admitir a Dios creador, cada uno de nosotros nos convertimos en pequeños dioses. Una de las tentaciones más serias que ahogan el fervor y la audacia es la conciencia de derrota que nos convierte en pesimistas, quejosos y desencantados. La mundanidad espiritual que se esconde tras la apariencia de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia, es buscar en lugar de la gloria de Dios la gloria humana y la gloria personal. Hay que evitar esta mundanidad poniendo a la Iglesia en movimiento de salida de sí, de misión centrada en Jesucristo y de entrega a los jóvenes. “Los desafíos, y este es uno de ellos, que tenemos entre otros están para superarlos. Seamos realistas, pero sin perder la alegría, la audacia y la entrega esperanzada”, dice el Papa Francisco. No nos dejemos robar la fuerza misionera.

Este es, también, el pequeño mensaje que yo quiero compartir con vosotros esta mañana a la hora de afrontar el trabajo que merece la pena que llevamos entre manos.