Sobre la auténtica compasión

Escribo estas líneas a bordo de un tren que une Navarra con Galicia. En ambos territorios tengo a dos personas que padecen la enfermedad de Alzheimer.

Conozco la enfermedad desde hace muchos años, en primera persona, como cuidadora familiar.

Y desde entonces observo, con dolor, las reacciones que, personas sin esa discapacidad, tienen sobre sus amigos, parientes o conocidos diagnosticados de aquella.

La primera reacción suele ser de compasión. Noble sentimiento! pero para que mantenga esa nobleza ha de ir acompañado del impulso  de querer aliviar, remediar o evitar el dolor que produce la enfermedad. Y en el caso de enfermedades irreversibles, como mínimo, se ha de tener o fomentar el impulso de acompañar, de estar, de ser con esa persona: de seguir siendo el hijo, padre, colega o amigo que eras…de otro modo quizá, pero el que eras y eres.

Y aquí es donde falla la sociedad, la familia, los amigos y cada individuo.

Con mucha frecuencia escucho frases de este tipo refiriéndose a personas con discapacidad por Alzheimer: “pobre”, “era tan bueno”, “quien la vio hace 20 años”, ” lo quiero tanto que no puedo soportar verle así”, etc

¡Frases estériles! Porque quienes las emiten, en su gran mayoría, se ahogan y paralizan en ellas. Recuerdan, con nostalgia, un pasado con esa persona que quizá les aportó bienestar y felicidad pero olvidan que la persona que ahí está es la misma, que sigue formando parte de sus vidas, que tiene derecho a vivir su presente con alegría, con palabras positivas, con compañía y con el cariño de todos aquellos que formaron parte de su vida en los momentos de gozo.

El miedo al dolor es humano y es natural pero quedarse anclado en él y ahogado por ese sentimiento lleva a una parálisis inútil y egoísta. Y, sobre todo, mata las ganas de un sacrificio generoso por ser y estar con nuestros enfermos

Aquí lo dejo. No quiero terminar sin un recuerdo especial a todos los cuidadores de personas con Alzheimer. A menudo, aprenden a progresar y a madurar con la persona que cuidan. Se hacen ellos también mejores. Y el resultado es maravilloso porque muestra que hay razón para la esperanza en el hombre.

Fuente: Cuidara2