Testimonio JMJ 2016: Gracias

¿Cómo expresar brevemente todo lo vivido en todos estos días?

Se me ocurre sólo la palabra “Djekuje”: GRACIAS.

Gracias a Dios por regalarme esta increíble oportunidad y gracias a todos vosotros por compartirla conmigo.

Me quedaría con tantas cosas… lugares y circunstancias donde se hace más ‘esperable’ la presencia de Dios: la Vigilia y la Misa de Cracovia, el santuario de Czestochowa, el de la Divina Misericordia, otras iglesias y santuarios…Fue un auténtico regalo para mí. Sin embargo, creo que para mí el rostro de Jesús brilló aún más en lugares más inesperados, o más bien, debería decir en personas.

No paro de hablar de la grandeza de los polacos a quien me quiera escuchar. Me quedé enamorada de la gente de Polonia: su acogida, su hospitalidad, su cariño, su gran corazón, ese dártelo todo todo hasta el punto de dormir ellos en un sofá y dejarte su cama. La gente que conocimos en los distintos sitios, los voluntarios, y sobre todo, las familias me han dado un gran ejemplo de tantas cosas. No fueron de 10: ¡¡fueron de 12!! Y en cada familia en la que estuve había un adolescente. ¡Y qué chavales más fantásticos! ¡Una pasada! Cuando se dice que la juventud está echada a perder, se generaliza demasiado.

Pero no sólo en las familias encontré preciosos gestos. También en nuestra peregrinación pude ver rostros y actitudes que reflejaban muy bien el Evangelio del servicio, de la disponibilidad, de la atención al otro, de la generosidad, de la ayuda desinteresada, de la misericordia.

Cada vez que descubría un gesto así, se me llenaba el corazón de alegría. Y si bien no siempre supe (supimos) vivir todo esto en todo momento (¡y qué pena!), sí había suficientes destellos como para hacer de la peregrinación una experiencia gozosa para todos (al menos para mí así lo fue).

Misericordia, misericordia… palabra tantas veces oída estos días. ¿Qué es? ¿Cómo vivirla? Las reflexiones sobre todo esto no se agotan estos días, sino que dan para una vida.

Un lugar donde la ausencia de misericordia resonaba profundamente fue Auschwitz. En principio, no me hacía ninguna ilusión ir ahí: un lugar tan gris, de tanto sufrimiento… Sin embargo, estar allí me hizo rezar, pensar, hacer silencio… Era lo que me pedía el corazón. Y tal vez desde el lugar de menos misericordia que visitamos pude vislumbrar nuevamente la misericordia de Jesús, que se entregó por nosotros a fondo perdido, para redimir todas las situaciones de pecado y maldad del mundo. Ante el horror de Auschwitz, creo que Dios me hizo comprender un poco que su Cruz era absolutamente necesaria para redimir tanto odio, tanta tortura, tanta maldad y crueldad, que sólo un Amor tan grande como el suyo podía vencer tanto odio y tanto mal … que solo Jesús, el todo Santo, todo Bueno, todo Bello, podía derrotar todo eso. De Auschwitz, sin contar, me llevé algo profundo también y descubrí que, en la oscuridad de ese lugar horrible, también estaba presente Dios.

Serían tantas cosas más las que podría comentar: la belleza de tantos lugares que vimos (que piden una visita con más tiempo en el futuro), la historia, el paisaje, la mezcla de razas y culturas conviviendo en armonía, las alentadoras palabras del Papa para los jóvenes y para todos… Sin embargo, creo que mi testimonio acabará aquí. Y lo hará precisamente como empezó, con la palabra GRACIAS.

Gracias a todos y a Dios. Habéis hecho muy grande este viaje para mí y tenéis un hueco lleno de cariño en mi corazón. Que Dios os bendiga mucho y siempre y, recordemos (con música o no): “Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia”.

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